Rosario

Otras casas antiguas. Esta vez no eran de una ciudad como Tepic, más bien se parecían enormemente al Barrio Antiguo de la ciudad de Monterrey. Como el nombre del barrio lo establece, efectivamente, antiguas, mejor conservadas (en su mayoría, aunque no por regla), pintadas hace poco, con placas que pregonan “aquí vivió XXX que hizo YYY en el siglo NN”, con empedrado bien hecho. La diferencia con tal barrio radicaba en que a pesar de que las construcciones estaban bien conservadas, sólo unas pocas eran usadas.

La mayoría de las casas tenían un aura poco agradable, la que se siente en casas antiguas en las que uno podría jurar que a pesar de estar solo físicamente, hay alguien -o algo- más ahí dentro. Específicamente, se podían sentir hasta familias enteras, muertas centurias atrás, deambulando aún en lo que alguna vez fuera su propiedad.

Y entre lo que era un pueblo casi fantasma, un lugar nos llamó la atención. Con ‘nosotros’ me refiero a Valerie, Mariana, Dennise y yo. El local quedaba frente a una galería de arte. Mientras que aquel lugar dedicado a las artes visuales tenía proyecciones de fotografías, pinturas de vivos colores, y en particular un sobresaliente grupo de 4 fotografías que parecían ser algo como lo que Andy Warhol había hecho con las imágenes de Marilyn Monroe, pero esta vez con tonalidades profundas e impresas en el plástico de las diapositivas para hacerlas penetrantemente coloridas (aún cuando fueran monocromáticas, sólo un color [verde, azul, rojo y… amarillo?] y tonos de negro).

Y el lugar que nos atrajo tenía una entrada sin anuncio o letrero alguno, la fachada blanca, ancestral y poco remodelada por estar bien cuidada daba paso a un establecimiento de lo más peculiar: una tienda de antigüedades que funcionaba también como un lugar donde se ofrecían tatuajes.

Por alguna razón traía una camiseta que era una aberrante mezcla entre algodón y seda, suave y muy agradable al tacto, pero a la vez fresca como pocas otras, me sentía felizmente atrapado en un dibujo de Kaori Yuki. Usaba mis aretes negros con la cruz plateada, los plateados con la cruz al final de la cadena y un brillo negro; el collar que consta de la tira de piel negra como gargantilla y una cruz que pende de una cadena. Al entrar a la tienda de antigüedades/tatuajes, nos recibió detrás del mostrador un hombre con rasgos extremadamente indefinidos pero vestido de manera formal.

Después de ver algunas curiosidades de la tienda, el joven me llamó. Al acudir, sentí su mirada que iba desde mi cabello hasta casi la punta de los zapatos.

Deberías de aprender de ellas“, dijo después de unos momentos.

Volteé a ver a las tres, aún sin comprender.

Traes muchas cruces encima. Tus cruces no sirven. No están fortalecidas.

Lo primero que pensé es que me estaba topando con un demonio, sobre todo por ese tono siseante al decir que mis cruces no servían. Pero al fijarme en sus palabras, efectivamente, Mariana tenía varias pulseras extrañas, evidentemente amuletos; Valerie no se quedaba atrás y al igual que su hermana, traía una cadena con… algo. Algo que irradiaba protección.

Valerie y Mariana seguían viendo con curiosidad las antigüedades, ahora era obvio que la mayoría de lo que se vendía ahí eran amuletos y otros accesorios que servían para proteger. Una de las dos, al tocar uno de ellos logró que éste cayera estrepitosamente, fragmentándose.

Quien atendía no pareció alarmarse por la mercancía destruida, ninguna de sus dos aniquiladoras clientas pareció afectarle ese hecho tampoco. Lo recogió con parsimonia y lo llevó al mostrador, colocándolo como debería de verse de estar en una sola pieza. Al verlo más de cerca, noté que era un extraño tipo de… ¿rosario? Tenía cuentas redondas originalmente, de un extremo tenía una cruz (gracias al cielo sin esos cristos sangrantes con cara de agonía que me ponen los cabellos de punta), en el otro extremo había un eslabón, en él estaba la parte extraña. Lo que se había roto era una cadena que conectaba a un rombo de vidrio del tamaño de la palma de una mano, tallado con exquisitez y a conciencia; extrañamente aún conservaba cierto aire rústico a pesar de lo elaborado del diseño. El rosario y el vidrio (que extrañamente no se rompió, lo que se separó fue la cadena que lo unía al resto) tenían ahora un color naranja pálido, pero era obvio que habían sido rojo carmesí al momento de su elaboración. Las cuentas, como se dijo, alguna vez esféricas, ahora lucían despostilladas, astilladas o con resquebrajaduras. La cruz tenía cuarteaduras a lo largo y ancho, incluso una de las esquinas horizontales estaba destruida.

Esto es del siglo XVI*” comentó él cuando vio mi interés, “tómalo. –e—–a—s—- [algo ininteligible o que no puedo recordar] Está roto pero te puede funcionar.

Pensaba pagarle, pero se adelantó a mis intenciones.

A—a—–l—-o—-” [No recuerdo sus palabras, o si fueron palabras siquiera pero era obvio que quería que lo tuviera de manera gratuita].

El intercambio de palabras hubiera sido más grande, de no ser porque entraron dos jóvenes, probablemente entre secundaria y preparatoria vestidas como si quisieran llevar al extremo la imagen norteamericana de una ‘airhead‘.

Una de ellas le decía algo al comerciante. Él hacía un gesto gentil con la mano, la palma abierta hacia arriba como si las invitara a pasar… sin embargo al hacer ese movimiento tuve la irresistible compulsión de acostarme boca abajo en el suelo. Dennise se arrodilló junto a mí.

La joven que había hablado con el tendero se agachó y comenzó a trazar algo en mi espalda baja, a través de mi camiseta, sentía su uña delinear una silueta sin mucho sentido para mí.

Quiero que el tatuaje haga esto–

No lo toques.” La frase fue dicha antes de que ella terminara de explicar, una voz con un tono bajo de amenaza clara. Dennise?

La joven lo pensó dos veces y separó su uña de mi espalda. Después de meditarlo un segundo volvió a trazar algo en mi espalda y sentí el enojo de Dennise. Esto no iba a terminar bien.

___________________
***DESPERTADOR***

*Los rosarios fueron establecidos como tradición cristiana / católica en el Siglo XVI exactamente, después investigué. Eso es algo que jamás me habían explicado y encuentro fascinante que de todos los siglos, mi sueño fuera tan exacto. El rosario fue una costumbre que tiene sus inicios en el siglo IV, pero los misterios que se rezan actualmente no fueron conformados y delimitados hasta doce siglos después, el rosario actual data exactamente del siglo del que se me “entregó”.

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