Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Qué hacer…

Posted: 18 June, 2011 in Uncategorized

Estoy malabareando mi vida. Intentando hacer ejercicio, estudiar, trabajar, hacer tarea y dormir (usualmente en ese orden a lo largo del día). Esto está resultando en una interesante -por no decir devastadora- rutina que me deja sin energía y estoy pensando en dejar, temporalmente, el ejercicio de lado, en lo que termino de estudiar. Luego me dedicaré al ejercicio.

El problema es que lo que más sufre con esto, es mi blog. De por sí mis posts no son perfectos, ahora sin tiempo de releer, bajarían más la calidad. Y es por eso que tengo varios sueños a punto de ser publicados, pero tengo que leerlos y releerlos antes de subirlos.

Sobre todo el de la limonada de hadas.

Así que mejor suscríbanse al RSS de mi blog para no andar viniendo y ver nada. Si es que alguien sigue leyendo esto, eso es.

Advertisements

Normalmente soy alguien que le gusta criticar. Bueno, no normalmente, siempre. Pero esto mismo ha hecho que me preocupe porque ahora no sé si yo estoy tan jodido como la gente a la que veo. Intento hacer lo mejor por mí y ser lo mejor que puedo ser, pero…

Contexto.

Soy alguien que cree que las personas deberían de esforzarse por ser lo mejor que puedan ser, sin perder jamás el realismo de quién se es. Y es así como el día de hoy, 14 de Febrero, me estaba divirtiendo con una compañera que se cree una de las mujeres más atractivas del mundo. No me interesa su vida, pero se la pasa hablando de lo sexy que es ella y lo natural que se le ve el cabello rubio (sin comentarios), por lo que la he llamado FemmeFataleFail en mi mente ya desde hace varias semanas.

Y no está TAN fea, a decir verdad. Nunca pasaría ella por mi mente si alguien dice las palabras “guapa”, “bella”, “bonita”, “atractiva”, “sexy”, “buenota” o “deseable”. Cualquier encanto que podría tener, al menos si quisiera algo conmigo (afortunadamente no es así), desaparecería al momento que abre la boca y dice sólo estupideces y se vanangloria de lo hermosa que es, o lo fina que es, o habla en algo que me tomó al menos 15 segundos descubrir que era inglés.

Ah, y cecea.

Regresando a mi cuento, la escuchaba a ella: “Eth que voy a dejar a mi novio para contheguirme algo mejor. Algún hombre con máth dinero, porque athí no the puede, mírame. Y guapo, obviamente, no voy a andar thaliendo con alguien feo, ay, etho para qué. Y pueth lo voy a cortar en Martho, athí ya pathó thu cumpleañoth y pueth también hoy me va a invitar a thenar.”

Pone en su computadora una foto de un modelo de ropa interior de Calvin Klein y se la enseña al salón: “ethe va a ther mi novio. Digo, algo athí me merethco. O bueno, mínimo alguien como el de etha foto (señaló la foto en la que Quentin Matthys, modelo local, aparece). Falta que mi futuro ethpotho me vea, porque en mí thólo the fijan loth gordoth morenoth, y etho qué! Tan feoth que thon loth morenoth, parethen inditoth. Güeroth nada máth para mí.”

Al ver semejante cantidad de autoengaño y egolatría infundada, un terror descomunal se apoderó de mí. ¡¿Qué tal si yo estoy igual de pendejo que ella y no me doy cuenta?! No detecté ningún tipo de broma, ironía, sarcasmo o cinismo en su tono, era totalmente serio. Soy exigente conmigo y soy exigente con lo que quiero, así que… ¿será acaso..? Siguió hablando la mujer.

“Yo no thé thi quiero theguir ethtudiando ethto. Me thirve para verme bonita, pero ecthtraño nutrithión. Cuando ethtudiaba para nutrióloga era máth padre.  Bueno, no me guthtaba la nutrithión para enfermoth. Tampoco la familiar, qué flojera. Ahora que me acuerdo, la nutrithión para atletath era aburrida, thólo me guthtaba verle lath pompath a loth hombreth que llegaban. Me guthtaba ethtar de rethepthionithta y thaber qué leth podía dar de comer a loth pathienteth del doctor con el que trabajaba.”

Qué maldito horror. Si me había dado miedo antes, ahora no sabía si tener pánico. ¿Seré así, acaso? ¿Pensaré que soy alguien con inteligencia decente, un tanto atractivo y en realidad estaré más jodido que esta racista mujer que se cree sexy, bella y se quiere casar con un modelo rubio millonario que no conoce (que llegue por ella en vez de ella misma buscarlo) y ser recepcionista de doctores porque le da flojera hacer todo?

Normalmente no podría haberme aguantado la risa y hubiera soltado una carcajada al ver su triste caso de autoestima desmedida y totalmente ajena a la realidad. Pero esta vez sólo me puse a pensar. ¿Qué tan grande es la medida de autoengaño con la que vivimos las personas? Y en especial, ¿cuánto autoengaño me doy de comer como parte de mi dieta anímica diaria?

Tiendo a ser intolerante con los puntos de vista que chocan de frente con los míos en temas que yo considero “sentido común”. Creo que la gente debería de tener una cantidad moderada de hijos, porque el mundo no está como para familias con 6 niños, a diferencia de antes. El impacto económico, social, alimenticio a mediano y largo plazo seguramente será muy distinto a que si las familias tienen 2 hijos. Eso es lo que creo. Creo muchas cosas y en otras no, pero entre tantas creencias, tenía seguridad en mi valía personal, hasta que conocí a esta mujer.

Esto que pensé no es modestia, no es un acto de humildad. Es un momento en el que sentí a la estupidez profunda, irremediable y aplastante como a un enemigo que nunca hubiera tomado en cuenta y siempre hubiera estado ahí, vigilándome, conviviendo conmigo y siendo parte inconspicua de mí.

Así que probablemente seré más cauteloso. Esa gente a la que tanto veo con repruebo, tiene familia. Tiene un futuro. Tiene un lugar en este mundo. Así que decidí hacerle una pregunta para empezar a llevarme más con ella y conocerle un poco más, para darle el respeto que se merece, y de pasada, saber qué tan idiota puedo estar.

“¿Alcanzas a vislumbrar cuándo conocerás a tu futuro esposo para que esto suceda?”
“¿Qué dijithte? Creo que dijithte una palabra que no ecthithte. Pero tú conotheth al modelo ethe, ¿no? ¿Me lo prethentath? Ethpera. ¿Tiene dinero? Thi no, no.”

Con esa respuesta, sólo le di una sonrisa y regresé a mi lugar, sonriendo para mis adentros (y un tanto también visiblemente). ¿Tendrá familia? Se merece respeto, ¿supongo? Un lugar en este mundo y futuro… ¿también? Pero de que está inexorablemente destinada a ser pendeja, no me cabe duda.

Y así terminó el momento en el que me preocupé demasiado por mi status de autoengaño. Aunque no crean, ya estoy comenzando a cuidarme de mí mismo, no vaya a terminar como ella.

Un sueño.

Posted: 2 July, 2010 in Uncategorized

Prueba. Publicando desde celular. Sueño interesante para la noche del Solsticio de Verano.

Desde que se había hecho del conocimiento público el hecho de que había una realidad alterna, los ejércitos del mundo estaban intentando detener la mezcla de las dos realidades. Ya había pasado un año y la gente sabía que había algo en un universo paralelo que los soldados trataban de usar para posibles guerras. Y seguían sin poder conquistar el otro lado. Las leyes físicas eran demasiado mutable, las dimensiones, el paso del tiempo y el sentido de la lógica seguían parámetros totalmente distintos a los nuestros.

Aún cuando los ejércitos de los distintos países y las organizaciones criminales intentaban acaparar y controlar todos los puntos de acceso entre nuestro mundo y el otro, era bien sabido que era una tarea imposible. Cualquier persona podía encontrarse con un portal -o peor aún, si eran lo suficientemente desafortunados o creativos, podrían elaborar uno.

Y fue así como las personas que no teníamos un empleo totalmente indispensable para la supervivencia del mundo (que incluían a los médicos, agricultores y obviamente el gobierno, entre otros), o que teníamos como posibilidad el ganar un dinero extra, se abrió una nueva línea de trabajo: el pasar de un lado a otro haciendo cualquier trabajo que se nos pusiera al frente. Fuera traficar animales, frutos, puñados de tierra o simplemente documentar ciertas regiones aún inexploradas; todo era una nueva fuente de ingreso.

Los seres vivos del otro lado no podían sobrevivir aquí mucho tiempo, en cambio, nosotros podríamos pasar toda la vida en el universo alterno (que tenía infinidad de nombres, aún ninguno quedaba como definitivo) si no encontrábamos la forma de volver. Mientras que un gnomo del otro universo podría estar aquí unas horas y después de manera automática regresaba, aún cuando se le intentara impedir el proceso, era inevitable. Por lo que la exploración de allá era mucho más difícil.

Yo no dudé en hacerlo. Aparentemente, las personas con imaginación descontrolada teníamos el acceso más sencillo y podíamos sobrevivir: el mundo no se adaptaba a nosotros una vez que cruzábamos, más bien, podíamos entender cómo estaba funcionando el mundo en ese momento y nosotros éramos los que nos adaptábamos a la situación. Algunos románticos que amaban lo antiguo nos llamaban corsarios, aún cuando no tuviésemos naves.

Terminé de cortarle el cabello a una señora gorda y cerré el local que tenía. Detrás del mostrador, a la vista de todos (no es como que fuera un secreto mi otra vida), tenía una espada corta, una daga y varias armas arrojadizas. Ni una sola pistola. No desde que casi me vuelo la tapa de los sesos con una bala que decidió dar un giro de casi 180 por su propia voluntad.

Abrí mi celular, marqué el teléfono de mi novia y nos pusimos de acuerdo. A dos cuadras de mi departamento vivía una gitana que podía pasarnos al otro lado. Era un trabajo rápido (no sabía si sencillo, pero al menos rápido sí): sólo necesitábamos asegurarnos de que un acueducto que atravesaba ambas realidades estuviera fuera de peligro por unas horas. La paga no era espectacular, por lo que no esperé ningún tipo de riesgo increíble, pero sólo por si las dudas…

El departamento de la gitana tenía cero paredes, fuera de las que eran el perímetro. No había ni un solo cuarto dentro, sólo una tienda de campaña (armada) reinaba en el centro del lugar. Ella se había esmerado en ser una gitana que seguía cada punto del estereotipo. Cabello largo ondulado, varias telas coloridas y montones de amuletos por su cuerpo, pies descalzos y ojos penetrantes, piel tostada y boca ligeramente seductora. Yo pensé que se autonombraría Esmeralda, pero no. Ihan. Quién sabe qué era eso. Ihan nos esperaba y también Toro; un hombre más joven que nosotros pero con la complexión necesaria para llevar ese apodo. Toro traía un pequeño tubo de ensayo con un líquido rojo de color y consistencia que revelaban lo que era.

“Ya trajeron la sangre de virgen. Están listos?”, preguntó Ihan.

Miré a Toro con expresión de duda refiriéndome a la sangre. Se veía limpio el frasco y sin talladuras, como si la hubiera extraído con aguja de alguien que lo hubiera hecho voluntariamente. Él sólo levantó los hombros rápidamente. No preguntes.

“Listos.”

Ihan abrió la puerta de su tienda de campaña, lanzó el frasquito con sangre y éste no se rompió al chocar con el suelo. La sangre pareció hervir dentro del tubo sin expulsar el corcho y… la tienda quedó en obscuridad completa.

Puse una mano en mi rapier, caminé al frente. Dennise iba detrás de mí y Toro hizo un saludo antes de despedirse de Ihan, cubriendo la retaguardia. Al atravesar el umbral, todo era nublado. Unos árboles sin ramas se mecían con un viento que prometía una lluvia poco fuerte pero constante. El suelo tenía pasto y hojas muertas. Era verdaderamente hermoso, una escena otoñal increíble.

Frente a nosotros, una pared altísima tenía sólo unas cuantas escaleras como de bombero para subir. Y eso hicimos. La barda tendría, probablemnte, medio metro de ancho. Podíamos escuchar el agua dentro. Había varios recuadros hechos de plástico flexible transparente que dejaban ver el agua que corría por dentro de la barda. Dennise se posicionó al centro y Toro y yo tomamos los extremos. Y esperamos.

Una hora. Nada.

Dos horas. Aburrimiento.

Tres horas y nada aún.

Cuatro horas. Sólo una hora más y terminábamos.

Cuatro horas y media. Un sonido de pies. Nos pusimos alerta.

Unos pequeños seres, de probablemente medio metro de alto, muy humanos en forma y rasgos pero vestidos como los típicos gnomos de jardín, venían hacia nosotros. Lo peculiar de ellos (además de tener rasgos finos, a diferencia de los gnomos de jardín), es que parecían estar hechos de cobre pulido. Desde la ropa hasta la piel. Y sus pequeñas hoces.

Uno de ellos dio un brinco descomunal y llegó a nuestra altura. Toro lo pateó sin más miramientos antes de que pudiera recobrar el equilibrio aquel pequeño ser. Y cayó.

Entonces, todos se dieron a la tarea de brincar a nosotros. Unos usando un antiquísimo árbol seco que crearon en ese momento. Salió de la tierra y se desarrolló, sin pasar por ninguna primavera, sólo otoños, en sólo unos segundos.

Aún cuando pateábamos a diestra y siniestra o usábamos nuestras armas (que tenían un efecto no letal en tales seres), no se cansaban. Nosotros sí. Daba espadazos, patadas, empujones y seguían llegando, o lo intentaban una vez más. Entre Dennise y yo, un gnomo llegó y clavó su hoz en una de las ventanas, agua empezó a salir con una presión descomunal. Tomé al ingrato hombrecito de un pie y lo lancé con todas mis fuerzas. Toro se dio a la tarea de repararlo (con qué? no sé) mientras que Dennise y yo le cubríamos el frente y retaguardia, respectivamente.

Y de manera tan repentina como llegaron, se fueron. De hecho, yo diría que se fueron más rápido de lo que llegaron. Y sin razón alguna, que… fue aparente en ese instante. Sentí como si la pared estuviera cayéndose, pero al darme cuenta de que no era así, salté. Caí en un lado de la pared y pronto me imitaron Dennise y él. La gravedad se alteró noventa grados y ahora el suelo era una pared enorme de pasto y árboles. Toro murmuraba mientras intentaba reparar la válvula, ahora abajo de él en un ángulo incómodo. Su voz se fue haciendo potente.

“58… 59… Listo. Reparado y sin un segundo de retraso, que no nos pagan tiempo extra aquí.”

“Nos vamos?”

“Nos vamos.”

Pequeñas gotas que brillaban de manera intensa con un rojo sangre caían lentamente, refulgiendo, desde una apertura del antiguo árbol. Portal de vuelta. Para ESO era la sangre, entonces. Apunté con el dedo y Dennise ahora fue la primera en salir. Después Toro. Y yo, justo antes de entrar entre las dos ramas, noté que algo más arriba tenía su lugar en el árbol. La seca corteza era lisa e hizo el trabajo de subir más difícil, pero lo logré. Un libro. Lo tomé, y me lancé al agujero.

Salí volando de la tienda de campaña con poca gracia, pero la recuperé antes de caer.

Tenía el libro en mis manos. No tenía título alguno. Lo abrí. Tenía ilustraciones de seres que vivían allá, todos hechos con prensa de madera como si fuera un libro antiguo (aún cuando no lo pareciera). Y había una enorme sección de la letra G. La mayoría de los seres tenían nombre que comenzaba con “Grey”. Y no, ningún Dorian. Sólo había varios Grey Gnome, Grey Naga, Grey Medusa, Grey… Todos con especificaciones de qué hacían y cómo funcionaban. Como un libro de botánica y zoología.

Eso valía una cantidad absurda, irracional, estúpida de dinero. Lo guardé.

Abrí mi celular. Revisé mi cuenta de banco. Depósito hecho.

***

Una semana después.

***

“Hey! Tienes que venir ahora. Ihan me ha dicho que el conejo se ha vuelto loco.” Toro sonaba preocupado. Pero claro, la masa muscular de Toro era exactamente proporcional a su capacidad de estar preocupado. Así que lo tomé como siempre y llegué, después de hacer unos moldeados, al departamento de Ihan. Y nadie había ahí. Sólo una nota de Toro. Vaya letra tan clara que tenía el hombre. Insospechado.

‘TE VEMOS EN LA EXPLANADA DONDE SE PONE EL CIRCO. TORO.”

Pues me encaminé allá.

Ihan tenía su tienda de campaña, rodeada por un montón de Hippies, Neo-paganos y todos esos tipos de Wiccans que creen que hacen magia sólo por creer en La Diosa y toman películas como “Jóvenes Brujas” como documental.

Toro sobresalía y Dennise ya estaba ahí. Ihan me miraba con cierta aprehensión. Esto ya no me gustó tanto. Por lo que ella y yo dialogamos rápidamente entre los gritos de los demás. Ella comenzó.

“Tienes que ser tú. Tenías un peluche de un conejo rosa cuando eras niño, no?” “Eh… Sí. Y?”
“El conejo blanco tomó como manifestación corporal a tu conejo rosa. Mide metros ahora y vuela sobre la realidad de las sombras intentando cerrar todos los portales.”
“Realidad de las Sombras. Poético. OK, sin portales no hay trabajo, así que voy. Y todos ellos?”
“Quieren que los deje ir al otro lado, pero… parece ser que sólo tú podrás pasar. Y eso es, si tienes suerte.” “Ah, no me quieres decir de una vez que soy El Elegido o Neo o algo así?”
“No, sólo te quiero decir que el Conejo también quiere comerse tus memorias que están flotando allá.” “Mierda. Mejor no me digas nada más.”

Ihan traía consigo una serie de objetos aún más raros. Un tanque de gasolina, un reloj con alarma de esos que tienen un par de campanillas como los que salen en las caricaturas, una llave vieja, un iPad roto, una caja de Zucaritas, una secadora… qué chingados coleccionaba esta mujer?

“Ah, y tendrá que ser por la fuerza.”
“Hurrr?”

No terminaba de hacer mi sonido de sorpresa cuando, como poseídos, el grupo de gente me tomó de brazos y piernas y me estrelló contra la puerta de la casa de campaña. Dolió.

“Ah, mierda.”
Pero sentí que sí empezaba a atravesar. Me jalaron un poco. Y me volvieron a ensartar en aquel mundo. Entré hasta los hombros. Me volvieron a jalar y con más fuerza me intentaron introducir. No se me escapó el tipo de connotación que eso parecía tener, pero… en fin, el mundo ahora era nublado pero con cúmulos negros. Rayos rojizos de vez en cuando salían de una nube para entrar en otra. Una leve llovizna caía. Estaba dentro de un cobertizo medio destruido. Una motocicleta de probablemente un metro de altura y uno y medio de largo, color verde botella con detalles plateados estaba ahí. Tenía un logo de Mercedes Benz. Y me jalaron de vuelta a mi realidad. Estiré un brazo, apunté al galón de gasolina y Toro me lo aventó. Bendito Toro. No lo atrapé, pero uno de los wiccans light me lo pasó. Y me empujó. Caí, con todo y galón, dentro del cobertizo. El portal se cerró rápidamente detrás de mí.

Mierda.

Me sentía en Plaza Sésamo “Palabras que empiezan con M. Mierda.” Es que esa era la palabra del día de hoy.

Saqué mi cinturón y por el asa, até el galón a la motocicleta. Estaba bien hecha esa moto. Parecía más bien una Harley en miniatura con un logo erróneo. Me encantaba ese mundo. El cobertizo comenzó a arder poco a poco, pero la lluvia lo detendría. Parecía estar dentro de un paisaje digno de una película de Superman cuando aún vivía de granjero. Mezclado con un poco de apocalipsis, pero bello. La destrucción era hermosa, no era ruidosa ni desastrosa. Parecía hasta hecha con cariño.

Una nube rojiza con azul se dirigió al cobertizo. Ya sabía qué era. Tomé la motocicleta, la encendí y salí tan rápido como el pequeño motor se lo permitía. Por el espejo retrovisor, vi a un conejo en traje sastre con mirada fría y calculadora analizarme. Alrededor de él, partículas que parecerían polvo y switches lo convertían en el centro de la nube. Presionó un botón y de “OFF” pasó a “ON”. No vi ningún efecto inmediato pero mi instinto de conservación me dio toda una explicación para lo que necesitaba hacer.

Correr.

“Well met, Kiioro. Shan’t thou wait to see what is bound to happen ‘ere the switch goes back into OFF?”

Qué buena voz se cargaba Conejo. Inglés antiguo hablado por alguien que podría haber sido el hermano de Morgan Freeman usando su acento más culto e impasible.

“Prithee, good sir, I must depart…” y se me fue de la mente el inglés antiguo al intentar esquivar árboles que comenzaban a acercarse, dejando atrás la pradera y convirtiéndose en lo que más adelante podría llegar a ser un bosque entero.

Hice lo mejor por ser sarcástico, aunque si Conejo se ofendió, no lo demostró.

Más bien, comenzó a presionar botones, tantos como podía hacerlo sin perder la postura impecable como Duque en mascarada. Y su nube rojiza ahora quemaba lo que tocaba.

“Say, these mightily innovative nanomachines are quite something. Behold, ’tis not thy imagination if you feel a rather… burning sensation. Praytell if thou feelst memoirs fading away. They do seem to be quite delectable.”

Oh… (sí, esa palabra una vez más…) mierda. Nanomáquinas? Se iba a comer mis memorias directamente desde mi cerebro? Mierda era la palabra adecuada.

Y en el otro retrovisor, una cueva. Que brillaba azul. Y si mi instinto decía que por ahí era, por ahí iría. Comencé a formar un arco entre los árboles, regresando al punto de donde venía. Y entré a la cueva, pero no noté un tope que atrapó la llanta. La motocicleta me catapultó. Y caí. Caí. Caí.

La pared era suave y el suelo aún se veía lejos. Abajo ahora era arriba, pero la gravedad no había cambiado. Subía hacia abajo, cada vez más rápido. Clavé mi rapier en una pared para disminuir la velocidad de mi ascenso. Arriba, el agua esperaba, fría. Y hundí mi arma tanto como pude en la pared. De ahí, salté a un pedazo de hielo que sobresalía del agua. Caí decentemente. Volteé hacia arriba. la entrada a la cueva se veía a lo lejos, pero aquí abajo, donde el suelo era un techo, era cuestión de subir más… y llegué al aire libre. Ártico.

Frente a mí, una máquina que procesaba algo. Comida. Combustible. El conejo entró volando por la cueva, lo oí, venía rápido y maldiciendo tan rápida como antiguamente. Esto era el combustible para su nube de nanomáquinas. Podía escucharlo presionar infinidad de botones. Corrí, deslizándome como si patinara sobre el hielo y llegué a la fábrica al aire libre.

Mochi? La nube usaba mochi como combustible? Imposible!

Comencé a reír.

Un conejo rosa con perfecto inglés antiguo, en traje vintage, manejando una nube de nanomáquinas capaces de quemar me venía persiguiendo usando combustible que le daba energía de manera inalámbrica me venía persiguiendo… y lo que realmente me sorprendía era que el combustible fuera un dulce japonés. Realmente estaba mal.

Y me llamó la atención algo más. Todo estaba retacado de apagadores como los que Conejo manejaba. Montones y montones de “ON” resplandecían. A un ritmo febril apagué tantos switches como pude. Y no quise voltear detrás de mí, perdiendo el tiempo en vez de trabajar para sobrevivir. Escuchaba la nube detrás de mí. Ya no había sonido de que se encargara de encender cuanto material combustible tocara, pero seguía flotando.

Puse en “OFF” más apagadores. Finalmente, se dignó a hablar de nuevo el maldito Conejo.

“Attendez! S’il vous plait! Non!”

Pues qué chingados? Hice caso omiso y apagué cuanto pude. Escuché un sonido suave pero repetitivo cuando Conejo cayó y rebotó una o dos veces. Rodeado de polvo. Nanomáquinas inactivas.

“Vaya, buen Kiioro, que has podido vencerme. Si bien puedo sugeriros algo, sería que hiciérais mi muerte lo más rápida posible. No le tengo apego al sufrimiento. Podríais decapitarme.” Acento español. No sé de qué parte de Europa había caído, pero Conejo parecía razonable.

“Mi espada no es de corte, es de estoque.” Le informé.
“Pues bien puedes romperme el cuello.”
“Acepto. Alguna otra petición?”
“Vaya, pues… No, la verdad sea dicha, no. Sois lo que esperaba.” “Eh… O…K…”
“Venga, pues, que me vas a romper el cuello o no?” Un atisbo de impaciencia en su tono.

No discutíamos su vida como una opción. Ambos sabíamos que tenía que morir, si bien aún no podía decir por qué. Y él no daba explicaciones. Me acerqué a él, me dio la espalda. Medía un metro tal vez. Me puse casi incado y Conejo levantó un tanto el cuello y lo ladeó, puso su suave pelaje contra mí y simplemente respiró hondo por última vez en su vida.

Tomé su reloj de faltriquera y lo guardé. Estaba intacto. Recordaría a este personaje. Caminé.

El viento ártico soplaba de frente a mí. Traía ropa apta para correr y saltar. Mezclilla que a la vez estaba mezclada con tela sintética que se podía estirar, un tanto gruesa. Botas militares impermeables y ligeras. Volteé hacia donde el conejo estaba. Sólo encontré una larga bufanda negra. Hecha con paciencia y lujo, seguramente algo que Conejo traería puesto o algo que le representaría. En hilo fino de color rosa, había una leyenda: “キイオロせんぱい、がんばりなさい。麗しい伝説になってくれませんか?” Ahora resultaba que sabía japonés.

Tomé mi bufanda, me la coloqué apropiadamente y caminé por la nieve.

Después de varias horas de caminar, sentí un impulso que obedecí. Del cinturón que rodeaba mi pierna derecha saqué una daga y esperé de nuevo al viento del norte. Al verlo levantar la nieve en ese paraje ártico, esperé hasta que estuviera frente a mí y apuñalé al viento. Se frenó, como si yo fuera una pared, la nieve seguía levantándose hasta unos centímetros delante mío, pero el viento no seguía con su paso. Sin dejar que la daga cayera, salté sobre el viento y lo monté.

Me llevó como un enorme dragón apenas domesticado por todo el ártico. Y seguí volando hacia el sol. Cuando tomé la suficiente altura, empujé al viento hacia abajo y éste abrió sus alas, asemejando un cuervo gigantesco. Caímos en picada hasta que con un espadazo, partí el aire en dos y se abrió un portal a otra parte de ese mismo mundo. Dirigí al viento a la apertura y volamos.

Llegué de nuevo al bosque de árboles muertos por la grieta y fui depositado suavemente en el suelo por el viento que traía aún copos de nieve que se negaban a derretirse. Hice una reverencia al viento y le dije que en paga le regresaría el favor más adelante. Éste se negó y me dejó una marca, diciéndome que luego le llamara si quería hacer algo similar. Envolvió mis manos y brazos hasta que los sentí entumidos del frío y se fue. En mi brazo izquierdo, de la muñeca hasta el codo, tenía garigoles, como si fuera un tatuaje hecho de hielo que refleja el sol débil de un día otoñal en Alaska.

Le di las gracias una vez más al viento (quien me dijo que su nombre era Hermano Viento, por cherokee que suene) y partió hacia el norte, volando tan rápido como sus alas de nieve le permitían.

Volteé al cielo y pregunté lo único que tenía en mente.

“Y ahora qué?”

Y el cielo respondió.

“Vuelve a casa. El Verano volverá a intentar deshacerse de tí y de nosotros. Pero no por el momento.” “Dennise?”
“Sí. Aquí estoy con Ihan y Toro.”
“Eh. ¿Cómo vuelvo? ¿El Verano? ¿Han visto todo?”
“Sangre de virgen. Luego te explico. Sí.”
“Ah, sangre de virgen! Claro. Deja voy al 7eleven por un litro, no?” “Que también podrías ofrecer la inocencia de algo de allá, dice Ihan.”

Pues como si fuera tan fácil.

“No, pues tú di. Y dónde voy a encontrar algo inocente por aquí?” “Estás en un bosque, busca un lago, dice Ihan.”
“Estás implicando que las ninfas o dríadas son inocentes?”
“Sabes qué? Mejor te la paso…” tras una pausa, la voz de Ihan me habló desde el cielo. “Las ninfas lo ven como un juego, el poseer a un hombre. Si puedes corromper a una, podrías venir acá de vuelta sin problemas.” “Ah, y tengo sexo con ella?”
“Yo otra vez!” Dennise, como si fuera teléfono. “Primero vuelve y luego me enojo contigo, no? De nada sirve regañarte si no estás acá, eh?” “Vaya. Cuánto amor.”

El cielo aún estaba nublado. Tal vez llovería, pero no era probable. El bosque estaba lleno de árboles y más árboles, ninguno con hojas verdes ya, si es que tenían siquiera algunas. Y caminé a ciegas. Por el camino me encontré un árbol lleno de enredaderas y le quité una rama de las más gruesas pero flexibles, le quité también las hojas y lo probé contra el aire. Como sabía que los árboles eran protegidos por dríadas, hice una pequeña reverencia y agradecí al árbol por su rama. Seguí caminando. Muchos más árboles con hojas secas, pero aún en sus tallos.

Cerré los ojos y me dejé guiar por los sonidos. De vez en cuando tropezaba con árboles o piedras, raíces de vez en cuando, pero sabía que eventualmente podría escuchar agua y eso me llevaría a donde necesitaba ir. Y finalmente mi recompensa. Un riachuelo, o al menos eso podría suponer. Caminé, siguiendo el correr del agua y así fue. Un cuerpecillo de agua, tal vez de medio metro de ancho, a mis pies. Tomé un puñado de hojas muertas.

Una pequeña risa la trajo el viento, pero cambiaba de lugar. Así que le susurré a las hojas mi pregunta.

“Dónde está el lago más cercano?” Y aventé las hojas al aire. Hacia el suroeste fueron cayendo. Y hacia allá caminé. De vez en cuando había árboles con una o dos hojas verdosas. Buena señal. Caminé hasta que sentí que la palabra caminar perdía sentido. Que mis pies estuvieran entumidos.

Y a lo lejos, un lago. Reflejando el color plata del nublado cielo.

Cerré los ojos. Sabía que, si bien no era un Adonis, yo era atrayente para este mundo. Me senté en una piedra cerca del borde del lago. Y la risa de nuevo. Melodiosa. Y sí, inocente, inexplicablemente.

Abrí lentamente mis ojos y ahí estaba. Yo la hubiera imaginado en una falda de escuela católica para que fuera la fantasía de muchos hombres… si es que llegara a tener ropa, porque estaba gloriosamente desnuda en ese momento. Tenía cara de ser joven y un tanto inexperta pero un brillo de posibilidades no dichas explícitamente. Su cuerpo no era tan voluptuoso como lo describían los griegos, pero no podía quejarme. Ella estaba en forma y era atractiva en cualquier aspecto. No hablaba. Su mirada parecía preguntarme si quería jugar y yo sólo le dí unas palmaditas a mi pierna para que se sentara en ella.

Ella negó con una sonrisa tímida y me hizo una señal de que la siguiera al agua. Casi por instinto salto al agua. Pero me mantuve firme. Las nubes seguían moviéndose por el cielo sin dejar que el sol se asomara. Ella, por bella que fuera, no podía ser descrita con justicia. Su cabello a veces era rubio, a veces llegaba al negro. Sus ojos pasaban por todas las tonalidades y su nariz a veces parecía fina y otras parecía fuerte, sus labios algunas ocasiones eran gruesos y lascivos; otras veces eran delgados e inocentes.

“Mira. Vamos a jugar. Al final haré todo lo que quieras, sólo sigue mi regla un segundo. Yo te pediré algo y a cambio me puedes pedir un pequeño favor. Cuando haya terminado, tú haces conmigo lo que se te ocurra. Va?”

Traté de no pensar en que iba a hacer algo que no estaba nada bien. Era muy buena la idea pero a la vez me sentía como si estuviera violando una ley natural, como si lanzara una antorcha a un bosque seco con la única intención de incendiarlo.

Se le iluminaron los ojos a la pequeña ninfa y asintió. Repetí mi movimiento sobre mi pierna para que ella se sentara sobre mí. Miró mi pantalón. Suspiré. Me lo desabotoné y lo bajé hasta deshacerme de él. De una vez me quité las botas y los calcetines. Ella se sentó sobre mí y le di un beso en la espalda y luego la mordí. Levemente, pero hasta que arqueó la espalda un poco por un dolor leve. Me miró con confusión, pero yo le asentí, sonriendo. Después de más segundos de confusión, volvió a su sonrisa inocente y miró mi chamarra. Cayó al suelo.

“Pon tu pecho sobre mis piernas”. Le acaricié la espalda y, le dije que se sujetara de mis tobillos. Su cara veía hacia mi lado izquierdo, la parte baja de su espalda al derecho. Detrás de la piedra saqué la rama y le dí un pequeño golpe, como un latigazo en la espalda baja. Saltó del susto y un tanto del dolor. Me miró con preguntas en sus ojos y estaba a punto de irse. Le puse un dedo en los labios y le dije “Acuérdate. Haré lo que quieras. Lo que quieras.”

No muy convencida, volvió a ponerse en mis piernas. Y le dí una vez más con la rama. Esta vez un tanto más fuerte. Arriba de sus piernas vi que la piel se le ponía roja donde le había pegado. Sus uñas se clavaron un poco en mi tobillo y miró mi camisa. Me la quité, pero por alguna razón, no me deshice de la bufanda. Sabía que era especial, aún cuando sólo estuviera en ropa interior y bufanda. Su mano derecha estaba rodeando firmemente mi tobillo, su mano izquierda subió a mi entrepierna mientras comenzaba a pegarle con más fuerza. Y por un solo instante pude ver que su mirada reflejó un placer nada inocente al recibir un golpe. Y me sonrió. Definitivamente nada inocente. Tal vez, después de mucho sí podría regresar a casa…

(el resto del sueño básicamente soy yo de sadista y ella de masoquista, aunque luego me rasguñaba terriblemente mientras teníamos sexo bastante intenso, pero creo que no quieren leer eso, o sí?)

Mis estimados 4 lectores.

Posted: 10 June, 2010 in Uncategorized

He estado cumpliendo mi propósito de no regresar al Distrito Federal a menos de que haya un concierto o algo demasiado importante. ¡Iré a ver a Versailles! Fuck yeah.

En fin. Desvarío.

Aparentemente esto de estar escribiendo como que se me da y ya va más de un comentario en el que me dicen que les agrada cómo lo hago (escribir, carajo). Así que va la pregunta.

Si Kiioro escribiera algo, ¿qué preferirían?

Esto lo hago para saber qué opinan y será tomado en cuenta. Cualquiera que sea la decisión, no se verán resultados al instante. Esperen un trabajo después. Pero… tengo curiosidá. Ahora, voten.

Mejor GH, no?

Posted: 3 June, 2010 in Crítica, Uncategorized

Esta semana no ha sido buena. He revisado mis gastos y no sé a dónde chingados se está yendo el dinero. Me haré codo y gastaré menos en gasolina y pendejadas. Mi abuelo está enfermo. No he salido de este maldito trabajo horrible. Y tengo un (una?) stalker oficial (digo, si ya anda dejando notitas en mi coche) que en vez de decirme cosas extrañas, me pone pedazos de letra de Lady Gaga (papparazi es la canción, pa’l que le interese). En fin. Suficiente de mi vida, ya hasta parecería blog todo esto…

Pues que voy saliendo. A conocer más de esta ciudad llena de cultura y desinformación; gente ignorante como sabia.

Y pz, entre otras cosas, pasaba yo por un barecito perfectamente olvidable cuando vi una banda tocando música en vivo. Estaba un semáforo y me tocó un alto.

“Let it beee,  Let IT be, let it beEEeee oh Let IT BEEEeeEE!”

Putas. Madres.

Yo nunca he escuchado a una cabra ser violada por un elefante africano bajo los efectos del viagra, pero no creo que ese sonido haya estado muy lejos de ser exactamente idéntico a esa imagen mental.

Les juro que si no es porque conozco la letra de esa canción, jamás’n hubiera sabido qué rechingados estaba intentando la mujer entre tantos alaridos. Digo, sí, había una batería y creo que una guitarra intentando hacer los acordes del piano, pero… no mames. O como dirían nuestros compatriotas del DF, no pinches mames.

Había logrado olvidar ese incidente pasado meses atrás. Pero fue esta última convención de anime (sí, esas pinches convenciones nada más sacan a relucir mis traumas, lo sé) que me lo recordaron y con intereses por falta de pago.

Lo que presencié, sólo puedo imaginarme un flashback de “3 meses antes”:

PERSONA1“Wey, me acabo de comprar una guitarra antier y ya saqué 2 d’estas. Sol y la. Y mira que la canción X lleva nada más esas dos!” (Mentalmente: creo que es sol y la. O tal vez si, pero es sólo una nota de diferencia, nadie lo va a notar…)
PERSONA2“No mames! En serio? Deja le pido a mi hermano su bajo. Al cabo, ya lo he visto tocar y soy pero BIEN chingón en Guitar Hero, me la pela cualquier canción en Expert”.
PERSONA1“Dile a tu primo que sabe tocar batería que si no le late formar una banda… nada más que necesitamos alguien que cante.”
PERSONA2“Dile a tu hermana, no?”
PERSONA1“Nel, nunca tiene tiempo y no sabe japonés…”
PERSONA2“No hay pedo, que se aprenda la canción de machetito y se ponga un corset bien chingón, con que practique con nosotros 1 día antes del toquín, con eso la armamos”
PERSONA1“Órale. Y cómo le vamos a poner a la banda?”
PERSONA2“Vergas. Eso está difícil…”

O algo así tuvo que haber pasado. Porque eran dos morritas con ropa “sexy” cada una cantando en, lo que su imaginación les decía, el tono y tempo que más o menos era. El guitarrista iba siguiendo al baterista que no llevaba el tiempo de manera constante y el bajo daba igual porque lo ahogaban todos los instrumentos y estaba en su pedo.

Entonces yo culpo a Guitar Hero y a Rock Band de que ahora cualquier pendejo que tenga poca pena y un instrumento a la mano, ya se siente rockstar y está desmadrando escenarios.

Y yo me dije “Bueno, al menos la gente a a– ¿!LES APLAUDEN!?” No podía creer que la gente les aplaudiera. Con cara de asco o burla algunos, otros realmente emocionados. Pero los primeros son los que no entiendo. Sería como si dijeran “Pues odio a los lobos de la zona, pero voy a ir al bosque con cuatro filetes frescos colgando del cinturón”. Para qué chingados le dan cuerda a eso!? PARA QUÉ?!

Yo llevo como 1 mes de clases de bajo y creo que estoy al nivel de los últimos 2 bajistas que he visto, y mi idea de dignidad / respeto propio me impiden subirme a un escenario y llamarme a mí mismo bajista. Soy perfeccionista, así que sé que tengo los estándares un poco altos, pero no inhumanamente.

No pido que todos los guitarristas sean eric clapton ni mucho menos, pero… mínimo que estén en el puto tono de la canción… y que la mujer (porque ponen a una morra en falda y creen que ya con eso compran al público aunque sea una GORDA enormemente gelatinosa, rara vez hay cantantes hombres en estas bandas ya) medio escupiendo sílabas en algo que se supone que es inglés o japonés o lo que sea…

Y para esos hartistas, tengo un pequeño mensaje: Tengan dignidad! Mejor quédense a jugar Guitar Hero y no nos hagan pasar por estos sufrimientos!

Para lo horrible e infernal que se escucha, temo que un día de estos van a invocar a Belfegor creyendo que es un sacrificio por los alaridos en arameo antiguo (sin querer, pues) o algo así y yo esté ahí.

Exclusivo VS Anormal I

Posted: 27 May, 2010 in Uncategorized

Perdón por no escribir como en un mes. Estaba un poco ocupado (leí como sesenta libros de Animorphs).

Analizaré algo que puede que no sea tan maldito ni tan criticón como lo hago normalmente, pero es algo que me ha estado dando demasiadas vueltas en la cabeza, como un pez en una pecera pendejamente pequeña.

Sé que esto no es un cambio de paradigma enorme y que seguramente hay más de un tratado de esto al respecto. Pero quiero ventilarlo, de cualquier modo.

Se nos ha enseñado a aspirar, como personas. Aspirar a ser alguien importante, rico, famoso, guapo, etcétera. Y a la vez, a ser único y especial. Siendo único y especial al mismo tiempo que se es todo lo que todo mundo debería querer ser.

Yendo por un camino similar, se nos enseña a ser de cierta forma muy limitada y limitante: no uses el cabello de esta forma, si tienes esta edad ya estás muy viejo para vestirte así, ¿para qué tener un coche barato si puedes comprarte uno mucho más caro (aunque te endeudes)?

A lo que voy con todo esto es que la sociedad nos está encaminando y llevando de la mano (o en algunos casos, regresando con amenazas y picanas) al camino que todos deberíamos seguir.

La meta final: Sé feliz.

Pero no es ser feliz como tú -individuo- quieres ser feliz originalmente, si no como se te educa para que tengas como tu concepto de felicidad.

Si quieres un helado, no puede ser cualquiera, compra Haagen Dasz porque esa es la marca cara, y si puedes gastar el doble en un helado de lo que normalmente harías, eres existoso. Porque tienes dinero para tirar (a lo pendejo).

Y la mujer con la que te cases, tendrá que ser güera, alta, virgen (pero una fiera en la cama), delgada y con buen gusto. Podría ser estúpida, pero… mñeh.

¿Por qué se nos enseña a desear cosas casi únicas de manera universal? Obviamente la idea de ser exitoso de esta u otra forma está increíblemente influenciada por los millones invertidos en mercadotecnia, pero el problema recae en que la gente se lo traga y pide más (aunque no pueda con ello).

Así como terminamos con la Mercedes Benz, que invierte en anuncios para canales básicos en EUA (los que son gratuitos) porque necesitan gente que aspire a tener Mercedes, aunque sea usado, cuando los ricos cambien de coche a los dos años; de la misma manera odio que haya todo pero estúpidamente sobrevaluado: agua, plumas, ropa, coches, chicles…

La mercadotecnia que hace que un joven compre condones Sico sin conocer de condones es excelente para una compañía. Pero es muy detrimental para una sociedad que necesita saber un poco más de todo y se rehúsa porque en las películas, el hombre ideal tiene 34 años con un departamento en Manhattan, un auto de lujo y se tira a rubias despampanantes (y a veces a una o dos negras nada más para no ser racista). Y curiosamente, en el fondo de una escena, encontramos una marca estratégicamente posicionada para que la notes.

Lo que quiera que exista, siempre habrá alguien que haga exactamente lo mismo, le de un pequeño valor agregado -real o imaginario-, le ponga un precio exorbitante… y alguien que, con la idea de presumir que tiene dinero, lo compra y lo publica.

Y así como Starbucks está lleno de gente que quiere que la vean comprando Starbucks y las Salas VIP de cualquier antro o lugar están llenas de personas qe se arreglan para exhibirse como adinerados, y luego lo suben todo a Facebook o Twitter o cualquier red social… son los que se quejan de estar en el ojo público y que ya no hay privacidad.

Al mismo tiempo que anuncios de perfumes te dicen que serás sexy si usas tal fragancia y los jeans te harán ver deseable; ambos diciéndote que esas deberían ser tus aspiraciones, hay millones de personas buscando libros de autosuperación porque no encuentran sentido para su vida en este mundo, aunque siguen detrás de las marcas establecidas para su caminar. Irónicamente, alguien se enriquece en este momento diciéndole a un público enorme, hablando de “tú” en vez de ustedes, diciendo que es único y especial mientras vende millones de libros con exactamente los mismos pasos para millones de personas.

Y si yo creo que ser único y especial no es necesario, y que si llego a serlo es por quien estoy en proceso de ser, no porque nací de tal o cual forma. Da igual que mi DNA sea único. No hay, acaso, millones de personas frustradas con DNA único? No hay, entonces, chingos de Gabrieles en este mundo que sienten que su vida es vacía? Millares de mujeres llamadas Laura que tienen en este exacto momento 37 años y viven infelices con su marido?

A mí me da igual ser igual o no, creo que lo importante es saber que uno está conforme con quien es (o con quien puedo llegar a ser si sigo por este camino) y si soy mejor que ayer, no es porque nací y soy parte del universo y tengo derecho a existir.  Es porque estoy haciendo mi trabajo.

No soy un copo de nieve único e irrepetible, delicado y que merece el respeto de todos nada más porque sí. Lo que quiera que sea yo en este momento es suficiente  para mí y estoy harto de tantos pinches comerciales tratando de hacerme sentir lo contrario.

¿Hay algo tan  mal en mí que no puedo ver la realidad como los demás? Que no me gusta lo mismo, no aspiro a lo mismo… y qué? La única puta diferencia entre alguien anormal y alguien excéntrico es que el último tiene dinero. Y la diferencia entre alguien excéntrico y alguien exitoso es que, en lo que uno gasta cantidades exorbitantes de dinero, el otro hace lo mismo pero de manera diferente, de la manera en la que “debería” gastar si es rico.

Cuando volteo a mi alrededor y me pregunto por qué chingados soy la única persona harta de esto, me doy cuenta de que un pendejín de mi edad voltea a ver un Mercedes Benz con ojos ilusionados y le dice a su novia “cuando sea rico, me voy a comprar uno de esos…”

Pues… qué mierda.

No dejen caer a sus bebés.

Posted: 22 April, 2010 in Uncategorized

Hoy les ofrecemos: No dejen caer a sus bebés.

Básicamente, aún cuando ya había notado este fenómeno, fue hasta hace poco que me dí cuenta de lo generalizado -y peligroso- que es. Esto es causa y razón por la cual el mundo actualmente está como está. Contexto:

En la última convención de anime y mugres similares a la que fuí (no me centraré en las gordas asquerosas, lo juro, y no tiene nada que ver con anime, esto es válido en todos los aspectos de la vida), lo que vi es por qué existió la tesis de Justin Kruger y David Dunning.

Fuera de los terribles e innecesariamente reveladores cosplay, los intentos baratos de ganarse al público con besos lésbicos (que si tomamos en cuenta el público meta, es un método casi a prueba de fallas) y los acechadores de mujercitas bastante perturbadores, hubo algo aún más interesante que, si bien no es nuevo, es merecedor de su propio tema.

El pinche exceso de confianza en sí mismo.

¿A qué voy con esto?

No, no son los gelatinosos, descomunales y vibrantes estratos de lonja que van al aire libre, tambaleándose fuera de la pobre y mal hecha prisión de un cosplay. No, en este caso es algo que va más allá (porque lo engloba , junto con otros temas más).

¿Conocen a alguien que, poniéndolo en palabras bonitas, decentes y tratando de ser gentiles, canta de la verga? ¿Y que esa persona, no sólo no se da cuenta, si no que jura ser buen@ en lo que hace?

Eso es un problema que arrastra el ser humano y que lo traemos todos. Recordemos nuestras pendejadas más grandes de la vida. Normalmente las hicimos y llegamos a tales puntos cuando no fuimos precavidos y nos lanzamos sin más a hacer algo.

El efecto Dunning-Kruger es eso. La gente que es realmente nada apta para algo, muchas veces puede creer que tiene talento… y viceversa. Personas muy talentosas pueden estar seguros que son patéticos al hacer algo que, a decir verdad, nos deja asombrados.

En el último caso, esto es porque normalmente los talentosos hacen tal hazaña con facilidad y asumen que todos los demás pueden lograrlo con el mismo mínimo esfuerzo, además de que se centran en sus errores. Por lo que creen que lo que están haciendo es mediocre.

En el caso de los que están en el hoyo, cavando y seguros de ser un bastión de talento… no hay explicación hasta el momento. Así que es aquí cuando yo opino que, para fallarle tan desmadradamente, es necesario algo así como dejar caer a tu bebé desde mínimo dos metros de altura.

Es como dañarse el centro de equilibrio relacionado con el oído, pero en vez de eso, se pierde la proporción de dignidad y el ego se infla estratosféricamente, dando como resultado…

Gente berreando mortuoriamente en el micrófono como si fueran plañideras con música de fondo en algo que llamaban Karaoke. Un terrible travesti con un toque “lindo” (que tenía de lindo lo que tiene una extracción de larva de moscardón de un cuerpo humano). Un tipo más escuálido que yo, sin camisa, pavoneándose vestido de no sé qué personaje.

Y eso es en una convención, pero eso no está limitado al anime. Todos conocemos innumerables casos de ello. Y lo peor es que el mundo está realmente jodido porque las personas más aptas se sienten imbéciles y no lo intentan.

Si no hay coches voladores, ¡yo culpo al efecto Dunning-Kruger! Estamos rodeados de pendejos que manejan como si estuviéramos en Mario Kart, pasando a 2 cms de tu coche y todavía te ofenden, como si un choque sólo causara que salieran estrellitas alrededor nuestro. Y genios mueren en las sombras sin dar al mundo sus conocimientos.

Oh, Carlitos Darwin, nos odiaste, ¿verdad, puto?