Un sueño.

Posted: 2 July, 2010 in Uncategorized

Prueba. Publicando desde celular. Sueño interesante para la noche del Solsticio de Verano.

Desde que se había hecho del conocimiento público el hecho de que había una realidad alterna, los ejércitos del mundo estaban intentando detener la mezcla de las dos realidades. Ya había pasado un año y la gente sabía que había algo en un universo paralelo que los soldados trataban de usar para posibles guerras. Y seguían sin poder conquistar el otro lado. Las leyes físicas eran demasiado mutable, las dimensiones, el paso del tiempo y el sentido de la lógica seguían parámetros totalmente distintos a los nuestros.

Aún cuando los ejércitos de los distintos países y las organizaciones criminales intentaban acaparar y controlar todos los puntos de acceso entre nuestro mundo y el otro, era bien sabido que era una tarea imposible. Cualquier persona podía encontrarse con un portal -o peor aún, si eran lo suficientemente desafortunados o creativos, podrían elaborar uno.

Y fue así como las personas que no teníamos un empleo totalmente indispensable para la supervivencia del mundo (que incluían a los médicos, agricultores y obviamente el gobierno, entre otros), o que teníamos como posibilidad el ganar un dinero extra, se abrió una nueva línea de trabajo: el pasar de un lado a otro haciendo cualquier trabajo que se nos pusiera al frente. Fuera traficar animales, frutos, puñados de tierra o simplemente documentar ciertas regiones aún inexploradas; todo era una nueva fuente de ingreso.

Los seres vivos del otro lado no podían sobrevivir aquí mucho tiempo, en cambio, nosotros podríamos pasar toda la vida en el universo alterno (que tenía infinidad de nombres, aún ninguno quedaba como definitivo) si no encontrábamos la forma de volver. Mientras que un gnomo del otro universo podría estar aquí unas horas y después de manera automática regresaba, aún cuando se le intentara impedir el proceso, era inevitable. Por lo que la exploración de allá era mucho más difícil.

Yo no dudé en hacerlo. Aparentemente, las personas con imaginación descontrolada teníamos el acceso más sencillo y podíamos sobrevivir: el mundo no se adaptaba a nosotros una vez que cruzábamos, más bien, podíamos entender cómo estaba funcionando el mundo en ese momento y nosotros éramos los que nos adaptábamos a la situación. Algunos románticos que amaban lo antiguo nos llamaban corsarios, aún cuando no tuviésemos naves.

Terminé de cortarle el cabello a una señora gorda y cerré el local que tenía. Detrás del mostrador, a la vista de todos (no es como que fuera un secreto mi otra vida), tenía una espada corta, una daga y varias armas arrojadizas. Ni una sola pistola. No desde que casi me vuelo la tapa de los sesos con una bala que decidió dar un giro de casi 180 por su propia voluntad.

Abrí mi celular, marqué el teléfono de mi novia y nos pusimos de acuerdo. A dos cuadras de mi departamento vivía una gitana que podía pasarnos al otro lado. Era un trabajo rápido (no sabía si sencillo, pero al menos rápido sí): sólo necesitábamos asegurarnos de que un acueducto que atravesaba ambas realidades estuviera fuera de peligro por unas horas. La paga no era espectacular, por lo que no esperé ningún tipo de riesgo increíble, pero sólo por si las dudas…

El departamento de la gitana tenía cero paredes, fuera de las que eran el perímetro. No había ni un solo cuarto dentro, sólo una tienda de campaña (armada) reinaba en el centro del lugar. Ella se había esmerado en ser una gitana que seguía cada punto del estereotipo. Cabello largo ondulado, varias telas coloridas y montones de amuletos por su cuerpo, pies descalzos y ojos penetrantes, piel tostada y boca ligeramente seductora. Yo pensé que se autonombraría Esmeralda, pero no. Ihan. Quién sabe qué era eso. Ihan nos esperaba y también Toro; un hombre más joven que nosotros pero con la complexión necesaria para llevar ese apodo. Toro traía un pequeño tubo de ensayo con un líquido rojo de color y consistencia que revelaban lo que era.

“Ya trajeron la sangre de virgen. Están listos?”, preguntó Ihan.

Miré a Toro con expresión de duda refiriéndome a la sangre. Se veía limpio el frasco y sin talladuras, como si la hubiera extraído con aguja de alguien que lo hubiera hecho voluntariamente. Él sólo levantó los hombros rápidamente. No preguntes.

“Listos.”

Ihan abrió la puerta de su tienda de campaña, lanzó el frasquito con sangre y éste no se rompió al chocar con el suelo. La sangre pareció hervir dentro del tubo sin expulsar el corcho y… la tienda quedó en obscuridad completa.

Puse una mano en mi rapier, caminé al frente. Dennise iba detrás de mí y Toro hizo un saludo antes de despedirse de Ihan, cubriendo la retaguardia. Al atravesar el umbral, todo era nublado. Unos árboles sin ramas se mecían con un viento que prometía una lluvia poco fuerte pero constante. El suelo tenía pasto y hojas muertas. Era verdaderamente hermoso, una escena otoñal increíble.

Frente a nosotros, una pared altísima tenía sólo unas cuantas escaleras como de bombero para subir. Y eso hicimos. La barda tendría, probablemnte, medio metro de ancho. Podíamos escuchar el agua dentro. Había varios recuadros hechos de plástico flexible transparente que dejaban ver el agua que corría por dentro de la barda. Dennise se posicionó al centro y Toro y yo tomamos los extremos. Y esperamos.

Una hora. Nada.

Dos horas. Aburrimiento.

Tres horas y nada aún.

Cuatro horas. Sólo una hora más y terminábamos.

Cuatro horas y media. Un sonido de pies. Nos pusimos alerta.

Unos pequeños seres, de probablemente medio metro de alto, muy humanos en forma y rasgos pero vestidos como los típicos gnomos de jardín, venían hacia nosotros. Lo peculiar de ellos (además de tener rasgos finos, a diferencia de los gnomos de jardín), es que parecían estar hechos de cobre pulido. Desde la ropa hasta la piel. Y sus pequeñas hoces.

Uno de ellos dio un brinco descomunal y llegó a nuestra altura. Toro lo pateó sin más miramientos antes de que pudiera recobrar el equilibrio aquel pequeño ser. Y cayó.

Entonces, todos se dieron a la tarea de brincar a nosotros. Unos usando un antiquísimo árbol seco que crearon en ese momento. Salió de la tierra y se desarrolló, sin pasar por ninguna primavera, sólo otoños, en sólo unos segundos.

Aún cuando pateábamos a diestra y siniestra o usábamos nuestras armas (que tenían un efecto no letal en tales seres), no se cansaban. Nosotros sí. Daba espadazos, patadas, empujones y seguían llegando, o lo intentaban una vez más. Entre Dennise y yo, un gnomo llegó y clavó su hoz en una de las ventanas, agua empezó a salir con una presión descomunal. Tomé al ingrato hombrecito de un pie y lo lancé con todas mis fuerzas. Toro se dio a la tarea de repararlo (con qué? no sé) mientras que Dennise y yo le cubríamos el frente y retaguardia, respectivamente.

Y de manera tan repentina como llegaron, se fueron. De hecho, yo diría que se fueron más rápido de lo que llegaron. Y sin razón alguna, que… fue aparente en ese instante. Sentí como si la pared estuviera cayéndose, pero al darme cuenta de que no era así, salté. Caí en un lado de la pared y pronto me imitaron Dennise y él. La gravedad se alteró noventa grados y ahora el suelo era una pared enorme de pasto y árboles. Toro murmuraba mientras intentaba reparar la válvula, ahora abajo de él en un ángulo incómodo. Su voz se fue haciendo potente.

“58… 59… Listo. Reparado y sin un segundo de retraso, que no nos pagan tiempo extra aquí.”

“Nos vamos?”

“Nos vamos.”

Pequeñas gotas que brillaban de manera intensa con un rojo sangre caían lentamente, refulgiendo, desde una apertura del antiguo árbol. Portal de vuelta. Para ESO era la sangre, entonces. Apunté con el dedo y Dennise ahora fue la primera en salir. Después Toro. Y yo, justo antes de entrar entre las dos ramas, noté que algo más arriba tenía su lugar en el árbol. La seca corteza era lisa e hizo el trabajo de subir más difícil, pero lo logré. Un libro. Lo tomé, y me lancé al agujero.

Salí volando de la tienda de campaña con poca gracia, pero la recuperé antes de caer.

Tenía el libro en mis manos. No tenía título alguno. Lo abrí. Tenía ilustraciones de seres que vivían allá, todos hechos con prensa de madera como si fuera un libro antiguo (aún cuando no lo pareciera). Y había una enorme sección de la letra G. La mayoría de los seres tenían nombre que comenzaba con “Grey”. Y no, ningún Dorian. Sólo había varios Grey Gnome, Grey Naga, Grey Medusa, Grey… Todos con especificaciones de qué hacían y cómo funcionaban. Como un libro de botánica y zoología.

Eso valía una cantidad absurda, irracional, estúpida de dinero. Lo guardé.

Abrí mi celular. Revisé mi cuenta de banco. Depósito hecho.

***

Una semana después.

***

“Hey! Tienes que venir ahora. Ihan me ha dicho que el conejo se ha vuelto loco.” Toro sonaba preocupado. Pero claro, la masa muscular de Toro era exactamente proporcional a su capacidad de estar preocupado. Así que lo tomé como siempre y llegué, después de hacer unos moldeados, al departamento de Ihan. Y nadie había ahí. Sólo una nota de Toro. Vaya letra tan clara que tenía el hombre. Insospechado.

‘TE VEMOS EN LA EXPLANADA DONDE SE PONE EL CIRCO. TORO.”

Pues me encaminé allá.

Ihan tenía su tienda de campaña, rodeada por un montón de Hippies, Neo-paganos y todos esos tipos de Wiccans que creen que hacen magia sólo por creer en La Diosa y toman películas como “Jóvenes Brujas” como documental.

Toro sobresalía y Dennise ya estaba ahí. Ihan me miraba con cierta aprehensión. Esto ya no me gustó tanto. Por lo que ella y yo dialogamos rápidamente entre los gritos de los demás. Ella comenzó.

“Tienes que ser tú. Tenías un peluche de un conejo rosa cuando eras niño, no?” “Eh… Sí. Y?”
“El conejo blanco tomó como manifestación corporal a tu conejo rosa. Mide metros ahora y vuela sobre la realidad de las sombras intentando cerrar todos los portales.”
“Realidad de las Sombras. Poético. OK, sin portales no hay trabajo, así que voy. Y todos ellos?”
“Quieren que los deje ir al otro lado, pero… parece ser que sólo tú podrás pasar. Y eso es, si tienes suerte.” “Ah, no me quieres decir de una vez que soy El Elegido o Neo o algo así?”
“No, sólo te quiero decir que el Conejo también quiere comerse tus memorias que están flotando allá.” “Mierda. Mejor no me digas nada más.”

Ihan traía consigo una serie de objetos aún más raros. Un tanque de gasolina, un reloj con alarma de esos que tienen un par de campanillas como los que salen en las caricaturas, una llave vieja, un iPad roto, una caja de Zucaritas, una secadora… qué chingados coleccionaba esta mujer?

“Ah, y tendrá que ser por la fuerza.”
“Hurrr?”

No terminaba de hacer mi sonido de sorpresa cuando, como poseídos, el grupo de gente me tomó de brazos y piernas y me estrelló contra la puerta de la casa de campaña. Dolió.

“Ah, mierda.”
Pero sentí que sí empezaba a atravesar. Me jalaron un poco. Y me volvieron a ensartar en aquel mundo. Entré hasta los hombros. Me volvieron a jalar y con más fuerza me intentaron introducir. No se me escapó el tipo de connotación que eso parecía tener, pero… en fin, el mundo ahora era nublado pero con cúmulos negros. Rayos rojizos de vez en cuando salían de una nube para entrar en otra. Una leve llovizna caía. Estaba dentro de un cobertizo medio destruido. Una motocicleta de probablemente un metro de altura y uno y medio de largo, color verde botella con detalles plateados estaba ahí. Tenía un logo de Mercedes Benz. Y me jalaron de vuelta a mi realidad. Estiré un brazo, apunté al galón de gasolina y Toro me lo aventó. Bendito Toro. No lo atrapé, pero uno de los wiccans light me lo pasó. Y me empujó. Caí, con todo y galón, dentro del cobertizo. El portal se cerró rápidamente detrás de mí.

Mierda.

Me sentía en Plaza Sésamo “Palabras que empiezan con M. Mierda.” Es que esa era la palabra del día de hoy.

Saqué mi cinturón y por el asa, até el galón a la motocicleta. Estaba bien hecha esa moto. Parecía más bien una Harley en miniatura con un logo erróneo. Me encantaba ese mundo. El cobertizo comenzó a arder poco a poco, pero la lluvia lo detendría. Parecía estar dentro de un paisaje digno de una película de Superman cuando aún vivía de granjero. Mezclado con un poco de apocalipsis, pero bello. La destrucción era hermosa, no era ruidosa ni desastrosa. Parecía hasta hecha con cariño.

Una nube rojiza con azul se dirigió al cobertizo. Ya sabía qué era. Tomé la motocicleta, la encendí y salí tan rápido como el pequeño motor se lo permitía. Por el espejo retrovisor, vi a un conejo en traje sastre con mirada fría y calculadora analizarme. Alrededor de él, partículas que parecerían polvo y switches lo convertían en el centro de la nube. Presionó un botón y de “OFF” pasó a “ON”. No vi ningún efecto inmediato pero mi instinto de conservación me dio toda una explicación para lo que necesitaba hacer.

Correr.

“Well met, Kiioro. Shan’t thou wait to see what is bound to happen ‘ere the switch goes back into OFF?”

Qué buena voz se cargaba Conejo. Inglés antiguo hablado por alguien que podría haber sido el hermano de Morgan Freeman usando su acento más culto e impasible.

“Prithee, good sir, I must depart…” y se me fue de la mente el inglés antiguo al intentar esquivar árboles que comenzaban a acercarse, dejando atrás la pradera y convirtiéndose en lo que más adelante podría llegar a ser un bosque entero.

Hice lo mejor por ser sarcástico, aunque si Conejo se ofendió, no lo demostró.

Más bien, comenzó a presionar botones, tantos como podía hacerlo sin perder la postura impecable como Duque en mascarada. Y su nube rojiza ahora quemaba lo que tocaba.

“Say, these mightily innovative nanomachines are quite something. Behold, ’tis not thy imagination if you feel a rather… burning sensation. Praytell if thou feelst memoirs fading away. They do seem to be quite delectable.”

Oh… (sí, esa palabra una vez más…) mierda. Nanomáquinas? Se iba a comer mis memorias directamente desde mi cerebro? Mierda era la palabra adecuada.

Y en el otro retrovisor, una cueva. Que brillaba azul. Y si mi instinto decía que por ahí era, por ahí iría. Comencé a formar un arco entre los árboles, regresando al punto de donde venía. Y entré a la cueva, pero no noté un tope que atrapó la llanta. La motocicleta me catapultó. Y caí. Caí. Caí.

La pared era suave y el suelo aún se veía lejos. Abajo ahora era arriba, pero la gravedad no había cambiado. Subía hacia abajo, cada vez más rápido. Clavé mi rapier en una pared para disminuir la velocidad de mi ascenso. Arriba, el agua esperaba, fría. Y hundí mi arma tanto como pude en la pared. De ahí, salté a un pedazo de hielo que sobresalía del agua. Caí decentemente. Volteé hacia arriba. la entrada a la cueva se veía a lo lejos, pero aquí abajo, donde el suelo era un techo, era cuestión de subir más… y llegué al aire libre. Ártico.

Frente a mí, una máquina que procesaba algo. Comida. Combustible. El conejo entró volando por la cueva, lo oí, venía rápido y maldiciendo tan rápida como antiguamente. Esto era el combustible para su nube de nanomáquinas. Podía escucharlo presionar infinidad de botones. Corrí, deslizándome como si patinara sobre el hielo y llegué a la fábrica al aire libre.

Mochi? La nube usaba mochi como combustible? Imposible!

Comencé a reír.

Un conejo rosa con perfecto inglés antiguo, en traje vintage, manejando una nube de nanomáquinas capaces de quemar me venía persiguiendo usando combustible que le daba energía de manera inalámbrica me venía persiguiendo… y lo que realmente me sorprendía era que el combustible fuera un dulce japonés. Realmente estaba mal.

Y me llamó la atención algo más. Todo estaba retacado de apagadores como los que Conejo manejaba. Montones y montones de “ON” resplandecían. A un ritmo febril apagué tantos switches como pude. Y no quise voltear detrás de mí, perdiendo el tiempo en vez de trabajar para sobrevivir. Escuchaba la nube detrás de mí. Ya no había sonido de que se encargara de encender cuanto material combustible tocara, pero seguía flotando.

Puse en “OFF” más apagadores. Finalmente, se dignó a hablar de nuevo el maldito Conejo.

“Attendez! S’il vous plait! Non!”

Pues qué chingados? Hice caso omiso y apagué cuanto pude. Escuché un sonido suave pero repetitivo cuando Conejo cayó y rebotó una o dos veces. Rodeado de polvo. Nanomáquinas inactivas.

“Vaya, buen Kiioro, que has podido vencerme. Si bien puedo sugeriros algo, sería que hiciérais mi muerte lo más rápida posible. No le tengo apego al sufrimiento. Podríais decapitarme.” Acento español. No sé de qué parte de Europa había caído, pero Conejo parecía razonable.

“Mi espada no es de corte, es de estoque.” Le informé.
“Pues bien puedes romperme el cuello.”
“Acepto. Alguna otra petición?”
“Vaya, pues… No, la verdad sea dicha, no. Sois lo que esperaba.” “Eh… O…K…”
“Venga, pues, que me vas a romper el cuello o no?” Un atisbo de impaciencia en su tono.

No discutíamos su vida como una opción. Ambos sabíamos que tenía que morir, si bien aún no podía decir por qué. Y él no daba explicaciones. Me acerqué a él, me dio la espalda. Medía un metro tal vez. Me puse casi incado y Conejo levantó un tanto el cuello y lo ladeó, puso su suave pelaje contra mí y simplemente respiró hondo por última vez en su vida.

Tomé su reloj de faltriquera y lo guardé. Estaba intacto. Recordaría a este personaje. Caminé.

El viento ártico soplaba de frente a mí. Traía ropa apta para correr y saltar. Mezclilla que a la vez estaba mezclada con tela sintética que se podía estirar, un tanto gruesa. Botas militares impermeables y ligeras. Volteé hacia donde el conejo estaba. Sólo encontré una larga bufanda negra. Hecha con paciencia y lujo, seguramente algo que Conejo traería puesto o algo que le representaría. En hilo fino de color rosa, había una leyenda: “キイオロせんぱい、がんばりなさい。麗しい伝説になってくれませんか?” Ahora resultaba que sabía japonés.

Tomé mi bufanda, me la coloqué apropiadamente y caminé por la nieve.

Después de varias horas de caminar, sentí un impulso que obedecí. Del cinturón que rodeaba mi pierna derecha saqué una daga y esperé de nuevo al viento del norte. Al verlo levantar la nieve en ese paraje ártico, esperé hasta que estuviera frente a mí y apuñalé al viento. Se frenó, como si yo fuera una pared, la nieve seguía levantándose hasta unos centímetros delante mío, pero el viento no seguía con su paso. Sin dejar que la daga cayera, salté sobre el viento y lo monté.

Me llevó como un enorme dragón apenas domesticado por todo el ártico. Y seguí volando hacia el sol. Cuando tomé la suficiente altura, empujé al viento hacia abajo y éste abrió sus alas, asemejando un cuervo gigantesco. Caímos en picada hasta que con un espadazo, partí el aire en dos y se abrió un portal a otra parte de ese mismo mundo. Dirigí al viento a la apertura y volamos.

Llegué de nuevo al bosque de árboles muertos por la grieta y fui depositado suavemente en el suelo por el viento que traía aún copos de nieve que se negaban a derretirse. Hice una reverencia al viento y le dije que en paga le regresaría el favor más adelante. Éste se negó y me dejó una marca, diciéndome que luego le llamara si quería hacer algo similar. Envolvió mis manos y brazos hasta que los sentí entumidos del frío y se fue. En mi brazo izquierdo, de la muñeca hasta el codo, tenía garigoles, como si fuera un tatuaje hecho de hielo que refleja el sol débil de un día otoñal en Alaska.

Le di las gracias una vez más al viento (quien me dijo que su nombre era Hermano Viento, por cherokee que suene) y partió hacia el norte, volando tan rápido como sus alas de nieve le permitían.

Volteé al cielo y pregunté lo único que tenía en mente.

“Y ahora qué?”

Y el cielo respondió.

“Vuelve a casa. El Verano volverá a intentar deshacerse de tí y de nosotros. Pero no por el momento.” “Dennise?”
“Sí. Aquí estoy con Ihan y Toro.”
“Eh. ¿Cómo vuelvo? ¿El Verano? ¿Han visto todo?”
“Sangre de virgen. Luego te explico. Sí.”
“Ah, sangre de virgen! Claro. Deja voy al 7eleven por un litro, no?” “Que también podrías ofrecer la inocencia de algo de allá, dice Ihan.”

Pues como si fuera tan fácil.

“No, pues tú di. Y dónde voy a encontrar algo inocente por aquí?” “Estás en un bosque, busca un lago, dice Ihan.”
“Estás implicando que las ninfas o dríadas son inocentes?”
“Sabes qué? Mejor te la paso…” tras una pausa, la voz de Ihan me habló desde el cielo. “Las ninfas lo ven como un juego, el poseer a un hombre. Si puedes corromper a una, podrías venir acá de vuelta sin problemas.” “Ah, y tengo sexo con ella?”
“Yo otra vez!” Dennise, como si fuera teléfono. “Primero vuelve y luego me enojo contigo, no? De nada sirve regañarte si no estás acá, eh?” “Vaya. Cuánto amor.”

El cielo aún estaba nublado. Tal vez llovería, pero no era probable. El bosque estaba lleno de árboles y más árboles, ninguno con hojas verdes ya, si es que tenían siquiera algunas. Y caminé a ciegas. Por el camino me encontré un árbol lleno de enredaderas y le quité una rama de las más gruesas pero flexibles, le quité también las hojas y lo probé contra el aire. Como sabía que los árboles eran protegidos por dríadas, hice una pequeña reverencia y agradecí al árbol por su rama. Seguí caminando. Muchos más árboles con hojas secas, pero aún en sus tallos.

Cerré los ojos y me dejé guiar por los sonidos. De vez en cuando tropezaba con árboles o piedras, raíces de vez en cuando, pero sabía que eventualmente podría escuchar agua y eso me llevaría a donde necesitaba ir. Y finalmente mi recompensa. Un riachuelo, o al menos eso podría suponer. Caminé, siguiendo el correr del agua y así fue. Un cuerpecillo de agua, tal vez de medio metro de ancho, a mis pies. Tomé un puñado de hojas muertas.

Una pequeña risa la trajo el viento, pero cambiaba de lugar. Así que le susurré a las hojas mi pregunta.

“Dónde está el lago más cercano?” Y aventé las hojas al aire. Hacia el suroeste fueron cayendo. Y hacia allá caminé. De vez en cuando había árboles con una o dos hojas verdosas. Buena señal. Caminé hasta que sentí que la palabra caminar perdía sentido. Que mis pies estuvieran entumidos.

Y a lo lejos, un lago. Reflejando el color plata del nublado cielo.

Cerré los ojos. Sabía que, si bien no era un Adonis, yo era atrayente para este mundo. Me senté en una piedra cerca del borde del lago. Y la risa de nuevo. Melodiosa. Y sí, inocente, inexplicablemente.

Abrí lentamente mis ojos y ahí estaba. Yo la hubiera imaginado en una falda de escuela católica para que fuera la fantasía de muchos hombres… si es que llegara a tener ropa, porque estaba gloriosamente desnuda en ese momento. Tenía cara de ser joven y un tanto inexperta pero un brillo de posibilidades no dichas explícitamente. Su cuerpo no era tan voluptuoso como lo describían los griegos, pero no podía quejarme. Ella estaba en forma y era atractiva en cualquier aspecto. No hablaba. Su mirada parecía preguntarme si quería jugar y yo sólo le dí unas palmaditas a mi pierna para que se sentara en ella.

Ella negó con una sonrisa tímida y me hizo una señal de que la siguiera al agua. Casi por instinto salto al agua. Pero me mantuve firme. Las nubes seguían moviéndose por el cielo sin dejar que el sol se asomara. Ella, por bella que fuera, no podía ser descrita con justicia. Su cabello a veces era rubio, a veces llegaba al negro. Sus ojos pasaban por todas las tonalidades y su nariz a veces parecía fina y otras parecía fuerte, sus labios algunas ocasiones eran gruesos y lascivos; otras veces eran delgados e inocentes.

“Mira. Vamos a jugar. Al final haré todo lo que quieras, sólo sigue mi regla un segundo. Yo te pediré algo y a cambio me puedes pedir un pequeño favor. Cuando haya terminado, tú haces conmigo lo que se te ocurra. Va?”

Traté de no pensar en que iba a hacer algo que no estaba nada bien. Era muy buena la idea pero a la vez me sentía como si estuviera violando una ley natural, como si lanzara una antorcha a un bosque seco con la única intención de incendiarlo.

Se le iluminaron los ojos a la pequeña ninfa y asintió. Repetí mi movimiento sobre mi pierna para que ella se sentara sobre mí. Miró mi pantalón. Suspiré. Me lo desabotoné y lo bajé hasta deshacerme de él. De una vez me quité las botas y los calcetines. Ella se sentó sobre mí y le di un beso en la espalda y luego la mordí. Levemente, pero hasta que arqueó la espalda un poco por un dolor leve. Me miró con confusión, pero yo le asentí, sonriendo. Después de más segundos de confusión, volvió a su sonrisa inocente y miró mi chamarra. Cayó al suelo.

“Pon tu pecho sobre mis piernas”. Le acaricié la espalda y, le dije que se sujetara de mis tobillos. Su cara veía hacia mi lado izquierdo, la parte baja de su espalda al derecho. Detrás de la piedra saqué la rama y le dí un pequeño golpe, como un latigazo en la espalda baja. Saltó del susto y un tanto del dolor. Me miró con preguntas en sus ojos y estaba a punto de irse. Le puse un dedo en los labios y le dije “Acuérdate. Haré lo que quieras. Lo que quieras.”

No muy convencida, volvió a ponerse en mis piernas. Y le dí una vez más con la rama. Esta vez un tanto más fuerte. Arriba de sus piernas vi que la piel se le ponía roja donde le había pegado. Sus uñas se clavaron un poco en mi tobillo y miró mi camisa. Me la quité, pero por alguna razón, no me deshice de la bufanda. Sabía que era especial, aún cuando sólo estuviera en ropa interior y bufanda. Su mano derecha estaba rodeando firmemente mi tobillo, su mano izquierda subió a mi entrepierna mientras comenzaba a pegarle con más fuerza. Y por un solo instante pude ver que su mirada reflejó un placer nada inocente al recibir un golpe. Y me sonrió. Definitivamente nada inocente. Tal vez, después de mucho sí podría regresar a casa…

(el resto del sueño básicamente soy yo de sadista y ella de masoquista, aunque luego me rasguñaba terriblemente mientras teníamos sexo bastante intenso, pero creo que no quieren leer eso, o sí?)

Comments
  1. Umi says:

    Y que es lo que dice en la bufanda???
    mi no entender japones xD

  2. Kiioro says:

    キイオロせんぱい、がんばりなさい。麗しい伝説になってくれませんか? No sé si esté bien escrito (gramaticalmente hablando, sobre todo a nivel conjugaciones), pero sería:

    Kiioro-senpai, (indicando que él sería alguien que estudiaba algo al igual que yo y yo era su superior), esfuércese, por favor. No se convertirá en alguna atrayente leyenda?

  3. kokoa says:

    themee lei tu sueño y en la parte k escribiste en japones me kede asi de k dice OwO y use un traductor que tengo y me salio esto ~~~ Kiioro sin pechos, tu perseverancia. ¿Va a convertirse en una hermosa leyenda?~~~ me hizo el dia jajajjajjaja btw soy lauu ^^

  4. Yuelio says:

    quizás….

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