Hombre: Ser Banal por Naturaleza

Posted: 2 March, 2010 in Crítica

Es increíble cómo nos parecen importar las cosas más efímeras y poco importantes en esta vida. Si nos ponemos filosóficos, diríamos que eso es lo que nos distingue de los animales. Que podamos entender la complejidad de algo que no afecta nuestra supervivencia física y aún así darle importancia porque es algo filosófico, social o espiritual nos lleva a un nivel más elevado que el instintivo.

Según la veo yo: nos encanta hacer dramas por pendejadas.  Y nos damos demasiada importancia.

Porque en este caso no estoy hablando del arte. El arte es hermoso y es valioso porque no es útil. Tener una estatua o declamar un poema no te sirve -orgánicamente- de nada. Es una necesidad que surge por un nivel más alto de sentimientos y de sensibilidad, una exigencia de expresión por algo que hay dentro que no se puede decir de otra forma mas que el arte. Eso es profundo. Preocuparte por que te vieron feo la otra vez que le pediste aventón a alguien… pendejadas, repito.

Y es que el día de hoy me tocó escuchar fragmentos de conversaciones por teléfono celular que me impresionaron. Ahora, yo sé que soy un tipo arrogantísimo con un cierto complejo de superioridad o qué se yo y me regodeo en la estupidez ajena; no obstante, fueron conversaciones que forzosamente tuve que escuchar (y créanme, el cacho que me tocó reventarme no fue agradable).

En la conversación A, (mientras hacía ejercicio, por debajo de mi balcón una mujer, que llamaremos “A” se puso a hablar por celular) el tema era la expresión que haces cuando le das “ride” a alguien. La mujer estaba al borde de un ataque histérico porque su amiga la había barrido antes de darle un ride. Y cómo era posible que le hicieran eso, cuando Mujer A era tan confiable, sincera y buena amiga. Y que, wey, eran mamadas, wey, que esa pendeja se pusiera con sus moños de darle “ride” wey, y se iba a desviar de su camino al gym wey. Dije que mencionó la palabra “wey”?

Digo, no sé si Mujer A notó la increíble ironía, porque siendo tan buena amiga anda haciéndola mierda en cuanto no la tiene en frente. Y aparentemente era un tema que no podía aguantar más y tenía que ser discutido por celular. Y la venía escuchando desde lejos por su discreto volumen y no calló hasta perderse de vista, tomando en cuenta que caminaba lento, fueron aproximadamente 5 minutos de lo mismo una y otra y otra (y otra) vez.

En la conversación B (mi maldito balcón de nuevo, un vecino salió a gritar por celular), Hombre B se pavoneaba de lo buen consejero que era. Y putas madres, hablaba a 14 weyes  por minuto más que Mujer A. Para que no me de artritis de la cantidad de veces que tendría que escribir “wey” para darles una idea de lo que dijo, les paso un resumen desweyizado:

“Le comenté a Armando que está bien que quiera cortejar a Jimena. Es muy atractiva, si bien un tanto estúpida, seguramente ha de ser sensacional en la cama. Pero Armando no me quiere hacer caso, cree que ha de ser difícil hacer que Jimena abra su corazón (y por lo mismo, las piernas).”

Bien; al párrafo anterior, explíquenlo durante PUTOS veinte minutos una y otra vez, aumentando el volumen general (tanto auditivo como de contenido) con detalles intrascendentes. Ah, y verbalícenlo con el léxico digno del coeficiente intelectual de una almohada ergonómica promedio. Ah, y pónganle pinchemil chingocientos “wey”.

Esto me lleva a creer que el hombre no es un ser social por naturaleza, más bien, es un ser banal por naturaleza una vez que nuestras necesidades más básicas (la pirámide de Maslow, gente, ese méndigo tenía razón) están relativamente satisfechas.

Ahora, no espero que cada conversación sea un análisis de eruditos sociólogos, pero, chingado, hacer que tu vecino se entere de lo difícil que es hacer que Armando se folle a Jimena y hacer perífrasis durante veinte minutos…

Yo sé muy bien que su nada humilde servidor también le da importancia a cosas que no te hacen mejor persona (en específico una relacionada con la oxitocina y la prolactina), pero… relacionadas consigo mismo. Vamos, si me afecta directamente, va. Y en mi defensa, es cuestión orgánica por lo menos, a diferencia de cómo me barren si pido aventón.

Y en mi último punto, una conversación que si no fue hoy, se me quedó marcada por la cantidad cósmica de autoestima y arrogancia que me hicieron quedar como un modesto y ruborizable doncel a comparación.

Salí a un bar muy recomendable de Jazz en la ciudad de Guadalajara llamado El Primer Piso. Pero me desvío. El punto es que ahí iba yo vestido de manera muy dable (si se me permite tal egolatría) con sombrerito y todo. En fin, después de estar ahí con gente del trabajo, tuve que ir al baño. Y de regreso, cuando pasé frente a una pequeña mesa, hubo una agrupación de personas que no me dejaron pasar, por lo que escuché a mis espaldas:

“Sí, Sombrero Café definitivamente es gay”. Yo siendo el único con sombrero café en el lugar, por el momento, por cierto. Ahora, que me digan gay para mí es tanta novedad como que me digan que la luna brilla. (La luna no brilla, refleja, así que no soy gay, para los lectores que se lo pregunten). Oh, revelaciones, lo sé. Pero lo bueno fue lo que siguió.

“Si, jotazo. Digo, ¡ni nos volteó a ver con interés!” “A eso me refiero. Se le nota, pero te decía…” Estos dos comentarios no fueron dichos con ese tono juguetón de personas que se están echando cumplidos a sí mismos para ser divertidos o con esa intención de broma para que el otro se ría. Fue serio y sincero, dead-fucking-serious.

Yo tengo el autoestima para decir que muchas personas han de querer conmigo aunque no lo conozca ni lo sepa de cierto. ¿Pero decir que una persona es homosexual porque no me desea? Digo, va más allá de mí. Me doy mucha importancia porque yo, pues… ¡soy yo! Pero sé que no puedo ser el ombligo del mundo.

Y valga la pena decir, las volteé a ver más adelante. Y no, no estaban tan mal, probablemente estaban tirables con unas cuatro cervezas encima. Y yo no tomo alcohol, así que… En fin. Además de que no tengo mommy issues como para salir con señoronas frankenchichis.

¿Entonces, cuál es la necesidad de andarle dando una importancia monumental a cosas que no valen la pena?

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Comments
  1. S6C says:

    Haz intentado hacer ejercicio… usando audifonos???

    • kiioro says:

      Tengo orejas anormales que se le caen los audífonos de chicharito, y los de diadema saltan. Lo he intentado. Pero vale madres la cosa, lamentablemente…

  2. S6C says:

    Bueno, lo intentamos… u_u
    Y lo del bar que mal plan. Viejecillas calientes XD

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