Más sabe el diablo…

Posted: 25 June, 2008 in Crítica

Yo tengo en general un respeto casi reverencial por los ancianos. Muchos tienen, a pesar de sus achaques y humor “interesante”, mucha sabiduría que llegan a acumular en un puñado de años -a fin de cuentas, nuestra raza lleva viviendo miles de años, mientras que de manera individual duramos menos de 100 por lo general- es lo que los hace tan diferentes y vigentes. Vigentes porque, aún cuando muchos no sepan usar “d’esas llaves ‘UBS’ para la computadora“* y molesten con que “es que a esta cámara no le sirve el ‘flais’, le pico el botón de ‘flais’ pero el ‘flais’ no prende“*, hay sabiduría de temas inmortales que es bastante útil.

Bien mi abuelo dice, “si los pendejos volaran, jamás veríamos el sol“***, por ejemplo. Aún cuando él no tenga ni la menor idea de qué es un pixel, ese tipo de comentarios demuestra que hay cosas que son universalmente válidas para la humanidad, sin importar el año en curso.

Y así como mi abuelo hablaba acerca de la gente imbécil, que parece tener una protección divina, yo esperaba llegar a aprender mucho cuando a las pinches 7 AM ya estaba en el trabajo, listo para salir a Xalapa, Veracruz con Don Héxtor (no es un error de dedo, Héxtor como el dios de Dungeons and Dragons, Hextor) y una compañera de aquí.

Al empezar a manejar, comenzó con su tema favorito, “La Pinche Vieja”, su enemiga mortal, otra trabajadora de esta institución. Así que cuando la plática iba en “Pero es que La Pinche Vieja la otra vez no me depositó el dinero que yo…” me puse en piloto automático y pronto quedé dormido mentalmente. Jamás sospeché que lo interesante comenzaría en sólo unas horas más.

Después de ir vagando por Xalapa, haciendo tomas para futuros videos en los que saldrían limones, café, plátanos y otros productos similares [siempre bajo la tutela de una de esas personas que te hablan con superioridad que nos fue puesta como guía de la zona], quedamos de ir a grabar una empacadora de mangos.

Antes de salir de Xalapa le sugerimos a Don Héxtor que le pusiera gasolina, ya que sólo le quedaba 1/4 de tanque y el lugar estaba a 20 minutos de donde estábamos. Se quedó pensando. Ya que habíamos dejado la gasolinera un kilómetro atrás dijo,

Tal vez sería mejor ya que lleguemos allá, hay una gasolinera ahí.”

Mi primer error fue creer que él sabía de qué estaba hablando. Aunque no tuve tiempo para darme cuenta al principio, ya que poco después vendría casi rezando por mi vida.

Tenemos que llegar antes de que anochezca“, una idea dicha por él apoyada por todos, así que manejó… de la verga de manera peculiar.

Atinándole a cada hoyo

Hubo una parte en el que la carretera estaba descuidada. Dando volantazos, si el pisar hoyos diera 10 puntos, creo que en el Don Hextor minigame ganó el high score de al menos 15300 puntos. Vale la pena que llegó al hoyo de “combo x 2“, una parte en la que la mitad de la carretera desaparecía y dejaba un solo carril; ¿su respuesta? Tener dos llantas sobre lo pavimentado y 2 sobre la terracería descubierta, inclinando peligrosamente el auto al hacerlo. No sé cuántas películas de sci-fi haya visto él, pero sí sé que las llantas pueden llegar a romperse con golpes.

Yendo por el centro de la carretera, invadiendo el carril de sentido contrario en plena curva.

Me aseguré de que el cinturón de seguridad estuviera puesto y puse los brazos al frente, listo para el impacto, que se me jodan los brazos mientras me sirva la cara. Empecé a decirle lo peligroso que era la carretera, lo mucho que estábamos apartándonos del carril, que cómo nos íbamos a embarrar si alguien llegaba a impactar, dos que tres indirectas que no captaba. Fue entonces cuando, después de una curva en la que de milagro tomó su carril y no invadió ambos, que pasó un trailer en contra nuestra. Estuvimos cerca de morir y él ni se inmutó. Así que decidí decirle las cosas cuando ví que no sólo estaba haciendo eso, si no que también…

Rebasando en curvas.

Miré a Don Héxtor la primera vez que lo hizo y me lanzó una mirada amable, como si fuera lo más normal arriesgar la vida de manera tan pendeja. A la segunda, le dije que fuera con cuidado. A la tercera le pregunté a Beshaba ‘¿qué tienes planeado para mí?’. A la cuarta le pedí que yo manejara, a lo que contestó “ah, no te preocupes, me gusta manejar“, y rebasó de nuevo en curva. De inmediato repuse “¡Qué coincidencia! ¡A mí también!”, pero le valió madres. Le pedí a Sharess que no se deshiciera de mí tan rápido.

Llegamos a la población. El dueño de la empacadora de mango no estaba cerca, y lo mejor… No había gasolinera.

The Don Hextor Minigame

Entramos al poblado en el que no aminoró la velocidad a pesar de que un borracho venía caminando por la carretera. Yo entiendo que no le puedan caer bien los borrachos, pero todos sabemos que te los cobran como si fueran Bill Gates si los llegas a atropellar. Le falló por 4 metros. Después, una madre y un hijo corrieron para atravesar la carretera. ¿La respuesta? No acercar el pie al pedal de freno y pasar a menos de 2 metros de los espantados veracruzanos. Después vendría la estudiante de secundaria que confió en que el demente anciano frenaría, cosa que obviamente no sucedió. Dio un pequeño salto por su vida antes de que el tsuru pasara junto a ella como si fuéramos huyendo de un monstruo salido de una película de Quentin Tarantino colaborando con Wes Craven.

El broche de oro

Cuando desperté, el dragón no había desparecido. Oh no, cuando creí que todo era un mal sueño, pronto me vería rogando por que así fuera. Estábamos a kilómetros (probablemente a más de 60) de Xalapa, yendo por una carretera rodeada de vegetación un tanto selvática y pueblos que aparecían esporádicamente en el mejor de los casos. Llevábamos 40 minutos, el sol ya se había ocultado, y no habíamos cargado gasolina. Habíamos dado media vuelta, intentando ir a la gasolinera más cercana. El indicador de gasolina marcaba la marca roja. Un grupo de gente caminaba ahí cerca, de inmediato propuse:

Oiga, don Héxtor, hay que preguntarles cuál es la gasolinera más cercana. Y aprovechamos para cambiar de lugar y ya manejo para que descanse.”

Hizo caso omiso y seguimos de largo. Vi como mi esperanza se hacía pequeña y desaparecía detrás de una curva. Me molesté. Pero si así manejaba de buenas, no sabía a qué pozo envenenado o capa del infierno nos enviaría si lo ponía de malas y él estaba al volante. No tenía ganas de conocer a Dante Alighieri aún.

Después de ignorar mis cada vez más insistentes propuestas de preguntar, en un pueblo que atravesamos, hizo caso y pedimos informes. La respuesta fue alentadora. Estábamos a 3 pueblos de la gasolinera, como a 10 minutos. La gasolina, según nuestros cálculos, nos daría para llegar apenas al siguiente. Alentador, obviamente, escrito con un teclado de sarcasmo +4.

Pasamos el primer pueblo y en vez de verificar la información recién obtenida, como yo sugerí, don Héxtor siguió de largo, tomando las decisiones de en qué parte de las bifurcaciones dar vuelta y haciendo que mi enojo subiera.

Llegando al siguiente pueblo, nos dijeron que estaba a 10 minutos la gasolinera, a 3 pueblos de ahí. Mi corazón estaba empezando a hacerse negro, agrietado y duro conforme escuchaba eso. Con bastante que perder -pero poco que ganar si nos quedábamos ahí-, avanzamos al siguiente pueblo, sin saber si llegaríamos.

El otro pueblo nos dio una respuesta casi paradójica. La gasolinera se encontraba a sólo 10 minutos de ahí, cerca de la última casa del tercer pueblo si seguíamos como íbamos.

¿Déjà vu? Ya sin saber en qué tipo de infernal y obscura pesadilla kafkiana me había metido, me resigné a que nos quedásemos sin gasolina. Enfilamos al siguiente pueblo, ¡donde la respuesta fue diferente! Estábamos a 2 pueblos de la gasolinera más cercana. Antes de que el vestigio de esperanza en mí creciera, agregaron “está como a 10 minutos de aquí.”

Después nos encontramos más gente y don Héxtor siguió ignorando mis propuestas de preguntar a la gente para que nos mandaran por el camino más directo a la gasolinera. No quería quedarme en la mitad de la nada. Pero en vano fueron mis esfuerzos, así que comencé a considerar la opción de sacrificar a Don Héxtor a los dioses antiguos que existían eones antes de que la palabra “tiempo” tuviera significado; para que Nyarlathotep, Cthulhu o alguna innombrable deidad de malignas y monstruosas civilizaciones, olvidada por los milenios, perdidas antes de que las estrellas brillaran por primera vez, recompensaran mi fervor con una gasolinera. Una puta gasolinera.

Íbamos por las curvas de aquella civilización perdida, en lo que alguna vez fue una metrópoli de magia y maravillas, con tecnología de teletransportación que te enviaba en 10 minutos a las gasolineras más cercanas, cuando a lo lejos vi el letrero verde luminoso de Pemex. No habíamos pasado 2 pueblos, pero ¡ahí estaba!

A 100 metros de la gasolinera, cuando ya la podíamos ver y su bendita luz sostenida por millones de pesos en impuestos que levantan a Pemex y sus deudas nos bañaba, Don Héxtor detuvo el auto. Estaba a punto de bajarme para ir caminando por la gasolina, ya que asumí que el milagro que nos había llevado hasta ahí había terminado, pero mi asombro se volvió en confusión dantesca. Había unos federales de caminos y el antiguo espíritu del mal les preguntó:

“Oiga, amigo… ¿la gasolinera más cercana?”

La respuesta, obviamente, fue un sencillo levantar de una mano y apuntar al frente. Como no podía asesinarlo y deshacerme del cuerpo sin que los federales lo notaran, dejé ese desliz pasar. Después de temer por que las llantas se poncharan, la gasolina se terminara, atropelláramos a una persona y después nos chocaran por venir de frente una innumerable cantidad de veces, ya no le tengo miedo a las cosas en esta vida, estoy más allá del bien y el mal. Cargamos gasolina y le dije, en un tono que no admitía reclamos,

Mañana manejo yo.

No estaba dispuesto a permitir que Darwin cumpliera con la selección natural, después de tremenda distracción que tuvo al obviar esa manera de manejar. No sé qué tipo de bendiciones colma a la gente testaruda y poco inteligente, pero definitivamente la quiero.

Obviamente el diablo nació inteligente. La próxima vez que alguien empiece con refranes, entonando las palabras que rezan,

Más sabe el diablo–” digan “No conoces a Don Héxtor“.

=====

*Héxtor, Don. “Acerca de computadoras”, 2008
**Héxtor, Don. “La maldita cámara nueva”, 2008
*** Abuelo, Mi. “No te preocupes, siempre hay de esos”, 1995

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Comments
  1. Juan Carlos says:

    Como me he reído Toño. Vaya que tienes talento y tu ingenio es invaluable. Espero que en algunos años pueda seguir leyendo esta crítica tan acerba, que debes hacerla masiva. Deberías intentar escribir algo de teatro, humor negro o venderle un guión a Woody Allen. Qué más decir Toño, excelente blog. Más allá de las aventuras de Don Héxtor, un excelente balance entre manías, mañas y demás peculiaridades. Una lástima que dejas la oficina, pero entiendo que no era para ti. Un placer haberte conocido y espero sigamos en contacto. JC Guerrero

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