Kiioro

Posted: 17 April, 2008 in Crítica

Mi laptop murió hace unos días. Simplemente no cargó el Mac OSX. Después de sus años de fiel servicio, lo entiendo. La computadora que más me ha durado no era para Windows. Era tanto mi pesar que no me di cuenta cuando se resbaló del sillón que tiene 10 cms de alto (pegadísimo al suelo, vamos) y le dio un toque más, el coup de grace. Toda la información que hay ahí debe ser rescatada. Tantos megas de fotos únicas, historias que he escrito, hentai, música y la historia de mi abuelo contada por él mismo. Todo eso está ahí. Y como siempre… mi televisión decidió que era un buen momento para empezar a mostrar una mancha azul que abarca la mitad de la pantalla y la otra mitad está amarillenta (cuando se calienta, le toma 30 minutos de imagen decente y empeora poco a poco). Hoy me prestaron una laptop. Frente al dueño, presioné “Power” y el Windows Vista tardaba y tardaba. 

-Qué extraño -me dijo, con una ceja arqueada-, nunca le toma tanto tiempo arrancar…

Y esa es la cuestión. Cualquier aparato audiovisual electrónico -incluyendo celulares- que no sea una consola de videojuegos o una computadora con sistema linux o mac muere después de ser tocado por mí. Si no muere, se alenta o entra en letargos; aún no entiendo por qué. Así que si eso les empieza a suceder, han contraído la misma maldición que yo.

El tener eso probablemente incluye como efectos secundarios el tener sueños extraños, yendo desde tomates gigantescos con 600 ojos que quieren destruir méxico y sólo pueden ser muertos por pintura azul hasta ser un extraterrestre que necesita fragmentos de orejas humanas para sus experimentos y aún más que eso:

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El siguiente sueño no es apto para niños ni para gente que no soporta la crueldad –y está editado (y escrito levemente también) para que no cancelen este blog por indecencia. La parte B la pondré más adelante.
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(A)

“Les costará 9500 Bahts… o 2 botellas grandes de Lengo Lengo.”

Hurgué en mis bolsillos y noté, al ver mi entorno, que era el único extranjero en el lugar. Si eso no fuera suficiente, en vez de traer espada, mis dos dagas desentonaban con el resto del pequeño y pseudo-militarizado cuerpo. Llevando meses ahí, el sol había dejado mi piel bastante bronceada y mi cabello se había hecho casi rubio de tanto estar acechando, esperando. De no ser por mi ya bastante angosta complexión, creo que hasta habría adelgazado. Sí, traía el dinero, pero no tenía idea de qué demonios era ‘Lengo Lengo’. ¿Debería de arriesgarme? Negué con la cabeza y fui a otra puerta cercana. 

Un grito a lo lejos se escuchó. ¿Otra vez? Corrí. Salté las diferentes vallas con púas y usando como soporte las varillas del destruido edificio, me encaramé hasta la ventana del segundo piso, lo más cerca que pude de la pared. La frontera que cambiaba todo. Al otro lado había otra vez ese lugar que era, a mis ojos, una especie de matadero humano. Centré mi mirada en el joven que iba al frente.

Sentí cómo mi alma se enredaba y envolvía la suya, ahora sólo iba de paseo en su cuerpo. Se llamaba Nkulu, juzgando por su color de piel y estilo de peinado, era Kalanga al igual que su novia que abrazaba con fuerza su antebrazo izquierdo, y su hermana, que se aferraba al derecho. Busqué en sus recuerdos. Le había tocado a su hermana, al igual que a todos los que estaban ahí, habían sido seleccionadas sólo niñas de 10 años y sus familiares llevaban a entregarlas. En el caso de Nkulu, su novia había insistido en ir con él para no dejarlo desamparado en un momento tan complicado.

Nkulu llegó al final de la línea. Su brazo no quería extenderse, pero el soldado frente a él le arrebató a su hermana. Su cuerpo se tensó y estuvo a punto de saltar encima del hombre armado, pero una mano lo mantuvo a raya suavemente. Los ojos de su novia -busqué en su mente… su nombre estaba fuera de mi alcance- le pidieron silenciosamente que no lo hiciera y él obedeció.

Hasta que uno de los hombres hizo un movimiento rápido con un cuchillo y una línea de sangre comenzó a fluir desde la mejilla de Ghanzi, su hermanita. No conforme con esto, el otro soldado la lanzó dentro de una pequeña habitación donde ya esperaban a la niña. Ella, al sentir manos donde jamás debería de haber sido tocada a esa edad, inmediatamente comenzó a gritar. 

Liberando un grito de rabia, Nkulu se lanzó contra los soldados sin otra arma que no fueran sus uñas. De pronto, al voltear a ver el sol, sentí cómo un espíritu de rabia, de aquellos que rondan por la savana siempre, entraba en el cuerpo del joven y amenazaba con poseer mi psique también. De inmediato corté el vínculo y me vi de nuevo en el edificio destruido, ahora como tercero, presenciando a un joven iracundo que desarrollaba un pelaje blanco por todo el cuerpo en menos de un segundo. Sus dientes se alargaron y retorcieron, sus razgos se hicieron más bruscos y su musculatura aumentó considerablemente, mientras que su boca se alargaba hacia el frente y su nariz se recortaba hasta hacerlo parecer una mezcla entre gorila blanco y humano. Dado su acelerado y antinatural crecimiento, la epidermis se rasgaba y dejaba ver el músculo directamente en ciertas partes.

Como una epidemia, otros familiares de niñas que eran llevadas para convertirse en juguetes de los soldados invasores sufrieron transformaciones similares. Si no actuaba rápido, podrían saltar a la parte de la frontera y… y eso sería perfecto. Desenfundé ambas dagas y salté al piso, corriendo directamente hacia la pared que dividía su país del nuestro.

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