The Chosen of Beshaba

Posted: 11 April, 2008 in Crítica

Madrugué para llegar a tiempo, había día de trabajo pero en el estado de Morelos. De malas y mal desayunado (un croissant asoleado con queso amarillo que no me comí, así que sólo quedó una manzana y un yoghurt), trabajé. Después de estar todo el día en Cuautla y otras poblaciones de Morelos, como calzón de puta (o séase, de arriba para abajo y de vuelta para arriba sin descanso)… tuve que tomar un helicóptero para poder alcanzar mi destino final a tiempo. Dejé mi chamarra con mis celulares y mis llaves encargadas porque estaban muy lejos y no alcanzaba a ir por ellas sin perder el helicóptero. Regresé a la ciudad de México como pude. 

Vi mi cuenta. No me habían depositado los gastos del viaje. Mierda. Pedí mi chamarra…

Nada. 

Aún no llegaba la comitiva entre los cuales estaba quien tenía mi chamarra. Y me dijeron:

“Hola y adiós. Te vas a Durango en 1 hora.”

Tomé el cargador de baterías, Corrí a mi departamento a– no tenía llaves. Corrí con mi tía. Me prestó la llave de repuesto. Al cerrar, escuché el ‘click’ extra de que por alguna razón, solita se puso la de abajo, para la que no hay llaves en las de repuesto. Joder joder joder joder. Tomé el vuelo a Durango. 

Mala noche. El hotel estaba en reconstrucción y oí martillazos toda la noche. 

No dormí. 

Todo el día estuve corriendo. Después de un extenuante día de trabajo, llego junto con uno de giras al aeropuerto de la ciudad de México. Voy por mi maleta y… desapareció el de giras. Hablo a la oficina para que pasen por mí y… no hay nadie. Aún no depositan el dinero para la gira. Putas madres.

Tomo un puto taxi para llegar a la oficina y mi chamarra no está en el perchero, ni en el cajón de la papelería, ni en mi escritorio. Le hablo a 8 personas para intentar conseguir un número de teléfono (esto, después de conseguir una clave para hacer llamadas desde la oficina, que yo no tengo una) y… el celular había cambiado. Le hablo a otras personas y finalmente doy con el celular.

No contestan.

Consigo el celular de su amigo. Me informa, unos minutos después, que la chamarra se la dejó a Nely (quien no contesta), y ella probablemente la dejó en la oficina del jefe (que está en Guadalajara).

Así que le hablan a la otra persona que tiene las llaves. Hernán. Él está al otro lado de la ciudad. No tengo como llegar allá ni él como llegar acá. Le hablo a un chofer con el que me llevo bien y me dice que él, después de pasar por su hija (que sale de ltrabajar a las 10.30 PM) pasaría a casa de Hernán (que está aún más lejos) y me traen la llave.

A ver si está dentro de la oficina mi chamarra, para poder así dejar la maleta con la cámara y encontrar mis llaves para poder dormir hoy en casa.

Y así es como yo, creyente de Sharess, me encuentro con que soy uno de los elegidos de Beshaba.

Mientras escribo esto, las luces del edificio se empiezan a apagar. ¡Mierda! Sin luz en el piso, no podré salir porque la llave es electrónica.

Regresé. Golpeé el cristal hasta que un guardia me vio, prendieron el switch y aquí sigo, 10:30 PM en la noche de un viernes, cuando todo mundo se ha ido a sus respectivas casas (o ciudades). La computadora tiene no-break, por eso mi crónica no se ha perdido.

Aún no acaba el día, aún no acaba mi aventura. Mi celular sí está en la oficina. 

Hernán vive muy lejos. Me ha pedido que le hable a Gaby, que también tiene llaves, para ver si puede traérmelas. Gaby está más allá de Santa Fé (o sea, lejos) y no puede venir. Le hablaré a Hernán para saber si él puede…

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